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19.11.2013 22:43
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Estuvimos en el sitio hasta alrededor de las 18 horas luego bajamos al pueblo para abrigarnos pues en estos pueblos pre-cordilleranos las temperaturas bajan hasta más de 15° o más bajo cero. Pero, ya habíamos planeado volver por la noche con mi hermano, y solos, sin curiosos, y así lo hicimos. Caminamos haciendo el mismo recorrido que habíamos hecho por la tarde, pero esta vez disfrutando del profundo azul del cielo y sus incontables puntitos luminosos, las bellas estrellas. Caminamos largo rato en silencio, solo disfrutando, cuando ya nos habíamos alejado de la zona poblada y envueltos solo por la oscuridad de la noche, notamos en el senderito hacia un lugar en donde habían rocas planas pulidas por la erosión del agua, que habían dos pequeñas esfera luminosa blancas fluorescentes del tamaño de una pelota de tenis o quizá un poco más grandes, estaban ahí, inmóviles y nosotros sin quitarles la vista de encima seguimos avanzando, pues estas estaban a unos 20 metros de distancia delante de nosotros, estaban justo en el lugar donde se hacía una curva para comenzar a subir siguiendo el sendero de tierra. Nos miramos con mi hermano y comprendimos en nuestro intercambio de mirada que no eran nada conocido, luego le dije:
  
¿A ver? ¡Alúmbralas!          
 
Él alumbró hacia el lugar, que ya estaba solo a unos metros de nosotros, pero al hacerlo comprobamos que luz con luz se perdían, lo hizo varias veces y siempre el mismo resultado, las luces se mantenían ahí, a ras de suelo. Entonces mi hermano me dijo:
 
“Sigamos no más”              
      
Sí, seguimos en silencio, pasamos las luces y varias veces al ir subiendo por el sendero les echamos un vistazo hacia atrás y siempre estuvieron allí. En algún momento mi hermano me alentó y recomendó que no me asustara. Cuando llegamos a la segunda cuesta del sendero y ya más en altura, las habíamos perdido de vista. En este punto decidimos descansar, pues es ese un sector de mucha “puna”, el aire se enrarece y se hace difícil respirar. Nos sentamos y miramos hacia el pueblo que estaba lejos de ese lugar, por lo que no nos llegaba nada de luz. Fue en ese instante en que vimos una luz salmón amarillenta rasgar el cielo muy alto por sobre el resplandor de una minera cercana. Nuevamente nos miramos con cara de… ¿cómo te los explico? pero esta vez él me dijo:
 
“Otra señal y van tres...”
          
 Claro, tenía razón, debíamos contar el que solas se daban las cosas para estar en el instante justo y solos, pues varios nos habían querido acompañar, pero por alguna razón no habían podido. Había funcionado la “selección natural” y recordábamos las palabras del Profesor, “estarán los que deban estar”
Estábamos sentados y en silencio cuando comenzamos a sentir un cambio notable de temperatura, el aire se tornó cálido, muy agradable y nos envolvían suaves brisas como jugando con nuestros cuerpos, era realmente agradable aquello, ya no hacía frío, después de haber estado a unos 5°  más o menos en el pueblo y parte del trayecto, este cambio era realmente notable, así es que, decidimos sacarnos algo de la ropa de abrigo que llevábamos y seguimos subiendo cerro arriba. Al pasar junto a una pequeña vertiente de agua termal, supimos que ya nos faltaba poco para llegar al sector de los petroglifos, que era bordeando un cerro considerado sagrado para los aymará, un cerro Mallku. Al ir llegando a este cerro fue que oímos unos extraños ruidos, le pregunté a mi hermano:
 
¿Oíste eso?  - se lo dije muy sorprendida y con un nudo en la garganta.
 
¡Sí! Lo vengo oyendo desde hace unos minutos atrás! Pero... ¡No te lo dije para que no te asustaras!” – respondió tranquilo.
 
Pero, yo ya estaba asustada, esto no era nada normal ni conocido para ambos, es decir, cómo podían sonar las piedras solas sin intervención humana, cómo podían desplazarse planchones de piedra uno sobre otro sin nadie que los tocara. No, eso era muy extraño, le dije muy asustada a mi hermano que alumbrara hacia donde se oyera otra vez este fuerte ruido, y eso comenzó a hacer, en todas direcciones y cada 2 a 3 minutos. No, no, no... ¡yo me voy!  y se lo dije a él:
 
¡¿Sabes que?! ¡Yo me voy! ¡No sé qué pasa aquí! Y...¡¡NO ME SIENTO PREPARADA PARA AVERIGUARLO... CHAO... CHAO... CHAO!!             
 
Mi hermano me dice:
 
  ¡¡Pero... Paola!! ¡Espera! ¡No te vayas! ¡¿Cuánto tiempo que estamos buscando esto pues?!   - me dijo animándome y algo en tono de queja también.     
 
¡Sigue tú si quieres! ¡No te devuelvas por mí... pues yo me voy! ¡Anda sigue! 
 
¡Puchas’ Paola... sigamos! 
 
Me mantuve en mi decisión y comencé a bajar camino al pueblo, escuchando sus palabras llamándome y animándome a seguir, a la vez que esas piedras comenzaban a sonar cada vez más fuerte y cercanas. 
 
¡¡¿Cómo no le hice caso? ¿Cómo fui tan tontorrona?!!   Sí, tontorrona es lo más suave con que puedo regañarme jajaja.
 
Pero bueno, seguí camino al pueblo y mi hermanito me siguió, a pesar que le dijera que siguiera solo, no lo hizo, porque se preocupó por acompañarme, claro, yo iba muy sobresaltada y podía hasta haber tropezado en mi regreso que fue a grandes zancadas. Al llegar al pueblo, solo quería encontrar a alguien que me explicara qué era lo que pasaba allá en esos cerros y logré encontrar a un joven aymará que para mi sorpresa era un “Yatiri”, esto es un tipo de chamán, un brujo blanco, un iniciado o guía de estos pueblos. Y, sin preámbulos le pregunté:
 
¡Tú que eres de acá! ¿Me podrías decir qué es lo que ocurre allá en, el cerros ese?  - mi tono era realmente de casi desesperación por tener una respuesta clara. Me miró muy sereno y  profundamente, se sonrió y me dijo:
 
¡Oíste las piedras! – aseguró y siguió sonriendo con un halo de timidez y misterio.
 
¡Sí... las oímos! Pero... por favor... dinos... ¿Qué hay ahí! – le dije casi a punto de estallar de ansiedad.
 
¿De dónde son? – preguntó pensativo.
 
¡Somos de Iquique! ¿Por qué?  - me causó sorpresa su pregunta.
 
¡Es que... fueron bienvenidos al lugar! ¿Por qué no siguieron? Ese lugar es sagrado para nosotros... 
 
Entonces... ¿Pasa algo especial allí? – estaba realmente impaciente por saber.
 
En adelante, nos relató en privado, que a él también le había pasado lo mismo en ese lugar, y otras cosas más, pero que no debíamos temer pues era un lugar, que según su cosmovisión correspondía a lo que nosotros conocemos como un “portal dimensional” y que siempre se veían esferas luminosas, naves espaciales de los que llamó “hermanos del cielo” entrar y salir en este y otros lugares, pero que ellos (los aymará) no se cuestionaban nada, solo respetaban y observaban silenciosos. 
Todo este relato de nuestro nuevo amigo nos tranquilizó bastante sobre todo a mi.
 
Al regresar a la ciudad, al día siguiente fui a hablar con mi amigo. Al entrar a su oficina, él ya me esperaba.  Me miró sonriente y saludó, luego me dijo:              
 
¡Cuéntame! ¿Cómo les fue? – lo noté contento.
 
Bueno, le relaté paso a paso todo lo anterior y me oyó con mucha atención, dejándome notar sin querer cada cierto rato una natural emoción en él. Cuando terminé él me dijo: 
 
¡Bueno... Ahora te contaré por mi parte lo que se vio! - se sonrió por mi mirada de asombro y siguió-   Cuando subieron por la tarde las treinta personas, se sabía que dos regresarían por la noche.
 
¿Qué? ¿Quiénes sabían? ¿Cómo? – lo interrumpí más sorprendida aun. Pero me pidió guardara silencio y lo dejara hablar.
 
¡Si ustedes hubiesen caminado solo un metro más... Un metro más... se habrían encontrado con que los estaban esperando y les habrían dado la bienvenida... El recibimiento habría sido por seres especiales y espaciales que levitaban a diez centímetros del suelo... y tú y tu hermano al entrar en ese nuevo campo energético se habrían percibido con otros sentidos... los reales... sí... y  habrían podido comunicarse sin abrir los labios todos sus pensamientos... y podrían haberse visto sus campos envolventes... sus colores de aura... – le brillaron tanto los ojitos de alegría que solo me quedó decirle:  
 
¡Puuucha’ Profe yo la embarré... cómo pude ser tan tontorrona... por mi... ahora nos perdimos la oportunidad de la vida!  - realmente lo lamentaba.
 
¡No... No te lamentes... no te lamentes... pues de esto debes más bien aprender y ya no volver a actuar terrenalmente... No te lamentes... pues ellos nos conocen y saben lo que nos pasa... y ten presente que siempre habrá una nueva oportunidad... Ahora, ya sabes qué trabajar en ti... Rescata lo bueno de las cosas siempre y no te quedes pegada en el error lamentándolo!
 
Él tenía toda la razón, claro, cómo nos conoceremos nosotros mismos si no vivimos ciertas experiencias. 
Qué pasó más adelante en el tiempo con la búsqueda de este lugar, bueno no concluyó ahí, pero más adelante relataré sobre ello. 
                  
 
 Pasaron los meses y un día del año 2000 (No recuerdo bien el mes) mi amigo me llama nuevamente por teléfono y me dice que en un canal de presentarán un programa en que hablarán de los “ovnis”, que lo vea, que será interesante y que me llevaré varias sorpresas, pues se mostrarán cosas sobre las verdades universales como él solía decir. Luego de hablar con mi amigo, al colgar el teléfono pensé – Pero... ¿Cómo sabe qué se dirá en el programa si aun no lo pasan? Bueno... ya… ok  verdad que tiene él una conexión especial con el cielo...   - y aterricé, pensando eso.
       Llegó el día del programa y junto a mi madre y mi padre lo vimos. El programa se llamaba “Ovni”. Claro que me llevé una sorpresa, pues me llamó la atención que el joven que había tenido una experiencia con seres del espacio, dentro de la regresión hipnótica hablaba en legua extraña que llamaron “Korania”, pero dentro de ese korania mencionaban la palabra “Elohim” y “Vimana” y con mi padre lo comentamos, puesto que, dentro de las lecturas que intercambiamos alguna vez leímos estas palabras. Efectivamente, el programa fue muy interesante. Al día siguiente, casi corrí al colegio de mi amigo a comentar sobre esto, él ya me estaba esperando y con esa risita y brillo característico en su mirada, me preguntó:
 
¿Qué te pareció? ¿Interesante no?
 
Lo miré dudosa y luego le dije:
 
¡Mmmh! ¡Fue muy bueno! ¡Pero! ¿Cómo usted supo antes lo que iban a mostrar o a decir allí? – le dije ya con ganas de saber más sobre él y esa conexión especial que mantenía.
 
¡Eso no importa! – dijo  - ¿Quiero saber qué sentiste de aquello?
 
Bueno... ¿Qué sentí? Sentí que... ese chico no mentía, como lo quisieron hacer creer los de la producción de aquel programa... Ese chico no está loco como lo quisieron hacer quedar, poniendo en duda su experiencia o poco más, queriendo ridiculizarlo...  – respondí sin dudas.
 
¡Bien! -dijo- ¡Tienes razón, pero no te preocupes, pues más tarde se verá quienes eran los verdaderos locos!
                                                            
Me encantaría conocerlo... pero... está allá en Santiago... tan lejos de nosotros... - dije lamentándome un poco.
 
Mi amigo se volvió a sonreír, como cuando ocultas un secreto que te hace feliz.
 
¡Ya! ¡Dígame! ¿Por qué se ríe así? - me llegaba a hormiguear el estómago, por saber.
 
¿Cómo sabes si... lo llegas a conocer antes de lo que te imaginas? – preguntó feliz.
 
¿A ver? ¿A ver? ¿Dígame más de aquello? - le pedí.
 
Y escribiendo en un papel, como haciéndose el distraído dijo:
 
¡Eso pues! Que... ¿Cómo sabes si lo llegas a conocer antes de lo que crees?  
 
¡Aaahá! – dije  – Usted sabe algo más parece... ¿eh?
 
Mi amigo, por mi curiosidad y ansias se rió de gusto diciendo: 
 
¡Eres muy ansiosa aah?! ¡Jajaja! Lo único que puedo decirte es que... más adelante a tu casa va a llegar mucha gente... Y que para eso ustedes están siendo preparados... y no me pidas que te diga más porque a mi me tiran las orejas cuando hablo de más - siguió sonriendo y terminó diciendo – Acuérdate de todo lo que te he dicho, y no dejen de buscar, no dejen de mirar el cielo, además que hace muy bien para el espíritu!