CONTACTOS EN EX OFICINA SALITRERA “LA NORIA”

19.11.2013 21:57

 

CONTACTOS EN EX  OFICINA  SALITRERA “LA  NORIA”

 

               Realizaba esta vez un viaje de reconocimiento de terreno, por una actividad de turismo en la cual participaba. Fue éste un viaje de visita a varias ex oficinas salitreras, con campamento en la ex oficina  “La Noria.” Después de armado el campamento ya al atardecer y luego de abrigarnos junto al acostumbrado fogón y la típica clase al rededor de este, después de la cena, la mayoría de las personas se fueron a dormir pues ya era tarde. Algunos se quedaron al calor del fogón  y otros nos retiramos un tanto de la luz de éste, para conversar bajo las estrellas.

Nos apartamos caminando por la calle principal, o lo que queda de ella, observando los restos de casas  que van quedando.  Conversábamos sobre lo que habíamos podido conocer durante el día, concluyendo de ello cosas como, lo sufrida y sacrificada que debió ser la vida del obrero pampino, debiendo soportar estas frías noches y el ardoroso sol del día; el duro trabajo de estos hombres y lo valientes y esforzadas que debieron ser sus mujeres, las cuales incansables los acompañaban de oficina en oficina.

Todas estas cosas discurríamos en nuestra caminata, y es que en medio de estos lugares es algo que no se puede evitar de pensar al ver estos restos, además de que esta oficina en particular es de las primeras que se fundaron, más antigua aún que las oficinas Santiago Humberstone y Santa Laura. En La Noria  y en otras oficinas cercanas a esta, algunas casa fueron construidas de verdaderos  “costrones” de salitre. No deja de emocionar, el imaginar escenas de la vida que llevaran aquellas pasadas generaciones y más aún, el saber que nuestros propios abuelos alguna vez habitaron estos sitios.

Ya era tarde, y seguíamos caminando,  iluminados por una luna menguante y amarillenta, ya casi por ocultarse hacia el oeste. Pronto cambiamos el tema de conversación y dedicamos ahora toda nuestra atención a contemplar la maravilla que sobre nuestras cabezas se encontraba, las estrellas. Entonces,  se me ocurrió relatar las experiencias con     “las luces” vividas pocos meses antes, el tema nos entusiasmó a todos, hasta nos imaginábamos que ojalá aquella noche pudiésemos ver algo especial en los cielos.  Para nuestra gran sorpresa así fue.

               Recuerdo que estaba describiendo a mis compañeros el tipo de luces y objetos vistos en otras oportunidades, cuando muy alto en el cielo vemos una luz muy parecida a un faro, daba intensos destellos de luz blanca, era de aquellas luces a las que con mis hermanos denominamos flash, lo curioso es que aquella luz apareció en el mismo instante en que estaba tratando de encontrar como describirlas, lo tomé como un simpático y oportuno apoyo visual, el cual provocó no menos de una emoción en todos los espectadores de este hecho y no niego que me recorrió un escalofrío al sentirme con aquel celestial apoyo, que daban juicio y fuerza a mi relato.

Conseguimos una linterna y comenzamos a jugar con aquel flash que se mantenía estático en el espacio, utilizando en aquel juego algo de conocimiento – casi nada - que teníamos del código morse. En este juego estuvimos por casi una hora, hasta que este flash comenzó a desplazarse en dirección noreste, para luego terminar perdiéndose tras unos montes lejanos, pero nos llamó la atención el que mientras más se alejaba, más intenso y nítido se veía, pero pronto comprendimos por qué.

Decidimos buscar un sitio en donde sentarnos e intentar relajarnos y hacer una meditación, para - según pensamos -  llamar mentalmente a aquellos navegantes espaciales; bueno, algunos se relajaron demasiado y se quedaron dormidos, otros se entumecieron de frío, así es que, hasta ahí llegó la meditación, además otros decidieron sin pedir más opinión, que ya era  suficiente con lo visto  y que no debíamos abusar de las bondades del cielo.

A continuación - personalmente algo en contra de mi voluntad -  caminamos de regreso al campamento, pues algunos querían ir a descansar, ya que, eran las 05:00 a.m. y a las 07:00 a.m. había que estar en pie, para continuar estudiando el lugar. Entonces quedamos, solo cuatro personas en pie, entre ellas una prima, la que me acompañara en la experiencia de Pampa Perdiz; el fogón seguía encendido, así es que, decidimos alejarnos un poco de la luz y nos trasladamos hasta la locomoción en la que viajábamos, la cual estaba algo retirada del fogón. Ya en este sitio, cada uno de nosotros describía según su percepción lo visto en el cielo rato antes, tratando de explicarnos  por qué, este flash se notó como más nítido al ir perdiéndose tras los montes, pues creíamos que solo iba orbitando nuestro planeta y a gran distancia.

Pronto vimos respondida nuestra inquietud,  y fue cuando uno de nosotros indicando al cielo por sobre unos montes ubicados hacia el este dijo: ¿Que no es acaso, esa que viene ahí, la misma luz que vimos antes? Levantamos todos la vista y respondimos casi al unísono que sí, que así parecía ser,  pero esta vez el flash no venía solo sino con tres objetos luminosos pequeños como escoltando al mayor  y todos a muy baja altura, unos 200 metros,  ahora si que pudimos apreciar la gran magnitud de la luz de aquel flash, era increíble, nuevamente vino a mi mente lo que sentí en Pampa Perdiz y pensé: “¡Y, los cielos se abrieron!” 

La luz era tal que se reflejaba en nosotros y todo lo que nos rodeaba. Estas luces se desplazaron por sobre las ruinas en que nos encontrábamos, para luego detenerse y desaparecer o apagarse  por sobre otro monte, realmente no supimos, con certeza lo ocurrido ha estos objetos. Algo emocionados y sorprendidos por esta visión quisimos saber qué había pasado con estas cuatro luces, así es que caminamos ligeramente en dirección al monte, pero con cautela por la gran cantidad de hoyos en las calles de esta oficina, hoyos que fueron hechos según cuentan, por personas motivadas con la leyenda de un tesoro que, supuestamente un sacerdote de aquel tiempo enterró en algún lugar de esta oficina.

En el trayecto al monte, uno de nosotros dice, que miremos en la dirección en que se perdieron las luces, al mirar hacia allá vemos aparecer  una luz, en forma de rombo y de color amarillo muy similar al amarillo de las luces neblineras que se utilizan en los vehículos.  Esta nueva luz se encendió tres veces, pero muy lentamente, luego todo quedó en total oscuridad nuevamente; seguimos caminando hacia el monte, pero solo pudimos llegar hasta el límite de las ruinas, no nos atrevimos a seguir más allá, pues no conocíamos bien ese terreno, además de que durante el día notamos que para ese sector había cantidades de montículos de basura dejada por los antiguos habitantes del lugar o tal vez hasta ahí llegaba nuestro valor.

Luego de unos momentos de esperar ver algo más y como nada más se viera, regresamos al campamento, ya en éste, miramos hacia el fogón y notamos que seguían las mismas cuatro personas que aparte de nosotros también se habían amanecido pero en otra entretención, conversando y bebiendo, es decir, no muy concientes que digamos y por supuesto sin tener  idea de la aventura que nosotros estábamos viviendo. Me divertía el pasar junto al fogón y notar que estas personas levantaran la mirada hacia nosotros pero algo confusos, para luego bajarla y continuar en lo suyo, sin siquiera tener curiosidad del por qué tanta carrerita de acá para allá, nunca nos preguntaron nada y nosotros jamás dijimos nada. Estará, solo en las memorias de los que sí estuvimos concientes aquella noche.

               Bueno, y como no faltaba mucho para que el astro rey nos hiciera sentir sus primeras cálidas caricias, nos quedamos jugando a descartar satélites de “luces inteligentes” y de estrellas fugaces, haciendo señas con nuestra linterna, si alguna de estas luces nos respondía, ya era claro para nosotros.

               Quiero decir que, en estos últimos años hemos visto, oído y sentido muchas cosas y también pudimos entender que no es necesario viajar tan lejos, para buscar lo que tenemos dentro, es allí en donde debemos buscar. Hoy, pienso y me declaro más bien respetuosa de estas cosas, pues sé que por encima de estas están los ángeles y por sobre todos ellos Cristo y Dios. Los ángeles son los que tienen la autoridad  para mostrarnos el Camino de regreso a casa. Personalmente creo que ha de ser una gran labor, el cuidado de este “Jardín de Infantes”, que es con lo que se podría comparar este mundo, en donde estos infantes lamentablemente juegan con bombas nucleares a diestra y siniestra, provocando tanto daño y sufrimiento a nuestra madre Gaia.