EL ARREBATAMIENTO

20.11.2013 17:54

 

EL  ARREBATAMIENTO

        Desde que comencé a escudriñar las escrituras, siempre me pregunté qué sería aquello del “arrebatamiento” que tanto menciona la Biblia. Por lo que había leído sabía que era una especie de “llamado” de Dios en que tu espíritu es retirado del cuerpo y es llevado al lugar de su origen y que es junto a Dios. Más tarde, se nos habló un poco más del tema y como que ahí comencé a tener un concepto más claro, pero tampoco que digamos ¡Wow... que claro que lo tengo!
       Durante estos últimos diez años y en compañías celestiales, tampoco puedo decir que ha sido todo fácil y todo recibido en “bandeja de plata” como se dice, claro que no, por el contrario cada logro tiene su costo, ya sea en sacrificio de algo en nosostros, o de esforzarse y ser constante para lograr aquello que deseamos y no me refiero a nada material, solo hablo de lo espiritual.
No todos entenderán el camino espiritual que optaste a seguir y te cuestionarán hasta tus seres más cercanos y amados, y hasta puede llegar a pasar que lo debas llevar en solitario. También podría pasar que en tu querer compartir a quien amas lo que has aprendido y experimentado, un tesoro tan maravilloso, esto te juegue en contra, es decir, que pueda llegar a ocurrir que la envidia fuera más fuerte que su deseo de aprender, lo que a la larga te hace optar por guardar silencio ante los que más quieres.
O, peor aun, que esos que más amas jamás te logren creer, menos comprender y te den vuelta la espalda y sencillamente porque ellos no han vivido lo que tú, razón por la cual les es muy difícil de creer y más bien pensarán que perdiste uno o unos cuantos tornillos y tuercas. Pero... ¿y quién dijo que este camino es fácil? Por supuesto que no lo es, pero tampoco es un imposible, tiene más ventajas que desventajas.
       Por el año 2005 pasé ciertas situaciones difíciles, las cuales no relataré por considerarlas muy personales. Paralelo a esto, seguía experimentando salidas en esencia y fue durante este mismo período en que fueron esos viajes hacia la Ciudad de Cristal que menciono en un capítulo anterior, y estos viajes fueron a mediados de año.
Entendí que, cada vez se iba incrementando la distancia y duración en estas salidas y varias veces a esa ciudad. Y, cada vez que se daba el momento se los relataba a Claudio, por un tema de que él ya había vivido la experiencia pero en mayor grado por supuesto y en varias oportunidades me dijo lo mismo, eso de que... ¡Oye.. pero no te vayas a ir ok? ¡Porque te voy a buscar! Bueno, yo solo me sonreía con su cometario. Pero no puedo negar que sentía en parte un aviso en sus palabras... y me preguntaba ¿qué más sabía  él de todo esto que me venía pasando?
       Llegó entonces fines del mes de octubre y como una semana completa me sentí vibrar distinto, me noté más sensilble y emotiva. Me sentía muy diferente y en mucha paz interior.Incluso, pensando en los problemas más difíciles vividos, ni siquiera aquello me estremecia una pizca, por el contrario, todo me resbalaba.
Me descubrí varias veces durante esa semana, observando las plantas y las mariposas y cada bichito que volaba o andaba a mi alrededor, me sentí muy meditativa. Fue como un período de contemplación como nunca me había dado. Que raro – me hablaba a mi misma – ¿Por qué me siento así? Me siento como en las nubes todo el día y no me desagrada. La bulla sí me molesta! Así es que me iba a sentar por ahí a contemplar todo lo que podía.
        Una mañana, luego de despachar a mi hija al colegio y de desayunar, me volví a la cama y me puse a leer los mensajes de los ángeles y puse música suave. Luego de unos pocos minutos, me dormí. Pero, comencé a salir de mi cuerpo muy conciente y esta vez el tirón al cielo fue demasiado fuerte y me dejé llevar.
Sentí como mi espíritu reía al ir avanzando, pero esta vez era alegría, era gozo y siempre sintiendo y nombrando a Cristo, es que esto era hermoso, cada vez que pensaba su nombre en amor, venía un nuevo y más potente y violento impulso de velocidad. En algún instante, al salir de mi cuerpo en que no pude notar, por la gran velocidad a la que íbamos, había entrado en un conducto maravilloso de luz de todo colorido.
Era este conducto ondulante y translúcido, pues podía ver a través de él las estrellas de fondo y el cielo negro, la luz que cambiaba de color, era como un serpentín que se perdía en la profundidad del espacio, era como un túnel, lo podría asimilar hoy con aquellos “agujeros de gusano” de los que tanto se está hablando en astronomía y de los cuales recién hoy se está aceptando que “podrían” existir. No he encontrado las palabras precisas para describir tal cual fue, y lo que sentí.
Cómo ansío poder describirlo tal cual fue para poder compartirlo y hacer que el corazón de cada persona que está leyendo estas líneas lo pueda sentir también. Sabrían así que lo que llamamos “muerte” no existe, es solo un paso a un hermoso y nuevo nacimiento. Pero, esto seguirá siendo el deseo de mi corazón. He buscado la imagen que más se asimilara al conducto por el que me desplacé en ese viaje y esto es lo único más parecido que encontré:
  

A medida que voy llegando una vez más a ese inmenso lugar de luz, mi esencia supo que podía quedarse ahí, que la puerta estaba abierta para mí y si quería me quedaba, nadie me habló, ni siquiera el ángel que llevaba del brazo. Solo supe que podía quedarme y entrar en esa gran luz y no regresar a la Tierra.
Cuando sentí esta libertad de decidir, seguí avanzando y ahí en el mismo umbral de este lugar fue que sentí como mi cuerpo físico estaba recibiendo el shock en el corazón del efecto del desprendimiento total, la desconexión, es decir, un paro cardíaco, así de simple. Y, todo esto fue percibido claramente por mi esencia allá arriba, era como estar en los dos lugares a la vez. Sin dolor de ningún tipo, sin  sufrimiento, sin nada. Tuve una secua de tiempo para decidir si volvía o me quedaba.
Desde el lugar donde estaba pude ver a distancia la Tierra pero muy pequeñita, y me fue permitido en esa secua ver lo que pasaría en el futuro inmediato si me quedaba allá arriba, sí, todo fue muy claro, muy nítido y pude sentir quienes sufrían mi ausencia con mayor dolor y esta era una sola personita, así es, mi  pequeña hija. Ella no soportaría esta ausencia. Ahí, en ese preciso instante fue que decidí volver y todo mi gozo se transformó en llanto, porque sabía que dejaba ese lugar precioso por la felicidad de mi pequeña.
Regresé llorando a mares con mi espíritu y aún sintiendo la reacción post shock cardíaco a mi cuerpo físico, lo que al entrar en mi cuerpo me duró cinco días. Al abrir mis ojos me quise quedar un buen rato ahí, recostada y casi sin movimiento, estaba como una momia petrificada en la cama y sin querer hacer ningún esfuerzo para nada porque creí que mi corazón no lo resistiría. Al cabo de media hora sin moverme, se me comezaron a entumecer las extremidades así es que, decidí que era el momento de levantarse y probar de nuevo el “vehículo” durante todo este rato lloré sin poder parar, eran un sentimiento encontrado, pena junto con alegría y gratitud por lo concedido y así llorando me puse de pie. Me acerqué algo mareada a un espejo y me miré
 
¡Uy! ¡Qué ojeras! Bueno, cómo no iba a ser así si había estado al borde de la desconexión... de la muerte – reflexioné.
 
¿Y, ahora qué? - me pregunté – ¿A quién le cuento esto? ¿Alguien me va a creer? 
 
      Uf! pero cuántas preguntas venían a mi mente, todo ese día solo pude pensar y revivir una y otra vez esta experiencia y no quería contárselo a nadie, ni siquiera a mi amigo, por lo menos en esos días no. Me tomó tiempo asimilar todo aquello y llegar a la conclusión de que esto solo podía haber sido un llamado de Dios, quizá... ¿un arrebatamiento? Mmm.. pero me daba temor de solo osar pensar en ello, así es que, lo guardé en mi corazón por un tiempo.
 
      Esto me ocurrió el día 2 de noviembre del año 2005 y lo registré con lujo de detalles, es que no podía permitirme olvidar algo, aunque es muy difícil que estas cosas se puedan olvidar.
      En mi corazón, luego de vivr esta experiencia, siempre sentí que en algún nuevo mensaje los ángeles no dejarían de referirse en algún instante al tema, porque era obvio que no era algo menor y sin importancia, y así fue, no se hicieron esperar muchos días.
 
       Días más tarde, el 11 de noviembre del 2005 se dio el esperado contacto y mensaje para mí alegría y reafirmación. Los ángeles, aludieron sobre mi experiencia con gran claridad, y como suelen hablarnos y respondernos en un mensaje “encriptado”, ¡para quien lo sepa comprender! Y, con las palabras que a continuación transcribo:
 
“Hacéis del fulgor del nacimiento
en bendición de la cual sois partícipe…
Dejad volar vuestra esencia
dejad volar el conocimiento…
pensáis en la razón del regreso
la esencia de la verdad nace
el cuerpo comienza su reacción
y no ha de ser parte de vosotros
sentís el gozo de un espíritu
nacéis a la verdad por la misma razón…
Pequeños ya sabéis emanar en virtud
vuestro interior entre vosotros…”
 
        
 
        Fue todo muy claro para mí. Y, sentí una vez más la alegría que emana en el espíritu a la complicidad y gratitud del secreto que te une más aún con un ángel. En este pequeño trozo del mensaje, ellos englobaban absolútamente todo lo que me había ocurrido, desde el vuelo de la esencia, la observación de una verdad, el nuevo nacimiento desde esa verdad observada, el gozo experimentado, hasta el regreso y finalmente la pregunta que yo misma me había hecho ¿por qué había regresado?. La verdad es que, con lo limitado del vocabulario que algunos poseemos, yo creo que jamás podría haberlo resumido mejor que el ángel en este pequeño pero tan profundo mensaje.
 
        Durante los días antes de que fuera el contacto de confirmación de los ángeles, decidí contárselo a alguien y esa persona fue mi amigo Claudio. Conversamos tranquilamente sobre lo ocurrido y luego de relatarle todo lo vivenciado, lo cual él oyó con mucha atención. Era inevitable sentir que él ya lo sabía todo, pero siempre ha sido muy prudente y reservado, a no ser que uno llegue y a solas se abra con él.
        De la cantidad de preguntas que yo me hacía sobre lo ocurrido, habían dos que se me repetían, de las cuales ya intuía la respuesta, sin embargo se las hice en ese instante sin perder tiempo, ya que, desde un tiempo a esta parte ya no era como en los primeros años en que nos conocimos y que podíamos hablar de tantos temas durante horas y a solas pues, se daba la situación, cosa que hoy es muy difícil, por el hecho de que siempre está rodeado de gente, y bueno es comprensible pues el hambre del espíritu por querer saber y alimentarse es insaciable y aprovecharás para absorber de experiencias tan puras como la que vivió nuestro amigo.
        Derechamente entonces le pregunté:
 
        Entonces… ¿Lo que me pasó tiene que ver con lo que llaman “arrebatamiento”?
¿Fue eso un arrebatamiento?
 
        Me miró con una sonrisa en los labios y ese conocido brillo en sus ojitos, tan carácteristico en él, esa mirada que pocas veces se encuentra en otro ser humano que realmente comparte sinceramente tu alegría y que te hacen saber de que algo haz comprendido de una verdad y me dijo:
   ¡Así es… así de sencillo es cuando el Padre llama…es de un momento a otro! – se detuvo y  apoyado en el escobillón con que había estado barriendo momentos antes, me observó  con mirada nostálgica, como si con mi pregunta le había hecho recordar de su propia vivencia de años antes.
       Entonces, insistí en mi pregunta y le dije una vez más:
 
¿Así es el arrebatamiento?
 
      Como seguía apoyado en el escobillón, me respondió un ¡sí! asintiendo con un movimiento en su cabeza y con un gesto de su rostro.
Solo atiné a concluir con un.
 
Pero… ¿así de simple es?, ¿sin dolores?, ¿sin nada?, ¿así de sencillo es el llamado?
 
Volvió a decir:
 
¡Sí! ¡Así de sencillo es!
 
       Me alegré tanto más por la reafirmación de lo que ya mi espíritu sabía. A quién más que a él podía yo contarle y plantear mis inquietudes, más aún si todavía no tenía la reafirmación de los ángeles, pues esto se lo vine a contar a él cuatro días después de mi experiencia. Pero, aún me faltaba una pregunta y no perdí tiempo y se la hice:
 
        Sabes… hay algo que no tengo muy claro aún y es que no sé… pero en un instante creí que mi regreso podía haber sido por un apego… el apego a mi hija… - y esto me inquietaba un tanto porque podía significar que yo había vuelto por “un apego” el  “apego” el famoso lazo de los afectos del que tanto cuesta desprenderse durante la vida en la Tierra y por el que tanto se sufre. Pero, la verdad es que internamente no sentía que era así.
Antes de responderme se puso serio y luego muy categóricamente dijo:
 
¡No… no regresaste por apego!
 
Lo miré con cara de interrogación y le dije:
 
Y… ¿entonces por qué?
 
       ¡No volviste por un apego… a eso en el cielo se le llama “moral”! – seguía en tono categórico y buscando la forma de hacerme entender el sentido de lo que me expresaba, con toda claridad
 
        Ahí comprendí lo que me quería decir, y era que mi regreso había sido más por el bien del prójimo, un gesto de amor, pero no ese amor egoísta que se conoce en la Tierra, no, es de ese amor filial, ese amor sublime que solo podemos sentir más fuerte fuera de este envoltorio de carne. Eso no es visto como apego desde el cielo.
Pero sí, cuando lloramos por alguien que perdemos, porque ciertamente no lloramos por la persona, sino que lloramos por nuestro propio egoismo, por como nos vamos a sentir nosotros en adelante por la falta del que se fue, y eso sí que es egoismo, porque si realmente supiéramos en conciencia a dónde se fue nuestro ser amado al partir en el término de su ciclo de existencia, sencillamente lloraríamos de gozo y no de tristeza, hasta celebraríamos por aquel quizás, como algunas culturas hoy en día lo hacen, pues sabríamos que nuestro ser amado ha nacido a la Verdad y ha regresado al origen de su propio espíritu. Pero, estas cosas no se nos enseñan desde pequeños, así es que, crecemos con un concepto muy errado y temeroso sobre lo que es realmente la muerte. Cuando es solo un paso a un nuevo nacimiento, por ende la muerte no ha de existir.
   
        Hay algo que recuerdo de aquel arrebatamiento y es que mientras estuve en ese lugar, en el umbral de esa inmensidad de luz, algo que fue curioso, pues experimenté la sensación de amor tan grande de querer volver a la Tierra y a la vez de quedarme allá arriba, y esto es lo curioso, que mientras estuve en la Tierra solo pensaba en el “cielo” y al estar en el “cielo” ya, te mueve un amor fraterno y solo quieres ayudar. Bueno, al menos eso es lo que sentí.
         Lo más hermoso es que, sientes la gran bondad de Dios, que luego de permitirte vivir una experiencia de tal magnitud, más encima te da la libertad de decidir si te quieres quedar o quieres volver, es así de inmenso el amor y la bondad de nuestro Padre Celestial y el cual nosotros, sus pequeñitos no alcanzamos a magnificar.
Hoy, comprendo un poco más que es nacer de la verdad.            
                    
         Sobre la experiencia que he relatado en este último capítulo de este pequeño libro, quiero compartir que esto se repitió al año siguiente, específicamente el día 12 de septiembre del año 2006. Debo decir que no fue tal cual como la anterior, pero en esa oportunidad pude sentir nuevamente el llamado de Dios, fue igual de intenso y maravilloso. Recuerdo con claridad aún, como era que cada vez que mencionaba el nombre de Dios con todo mi ser, la velocidad de mi vuelo aumentaba fuertemente, era verdaderos “jalones” de los cuales pude sentir cuatro realmente potentes. Y, la verdad es que esta vez regresé y por la misma razón.
 
         Para terminar solo quiero decir que, lo que importa es no dejar jamás de lado las cosas que atañen al espíritu, ni la oración, ni la práctica pues así las puertas del cielo siempre estarán abiertas para cada uno de nosotros. No dejemos de estar atentos, ni despiertos jamás pues nuestro Padre Celestial en cualquier momento llama, y quizás sea cuando menos lo pensemos.
         
       “Se ha servido una mesa con alimentos de exquisito aroma y sabor para todos aquellos que deseen sentarse a cenar.”
 
       Y, con esto me refiero a las páginas en que hemos vertido cada uno de los mensajes entregados por los ángeles, los cuales se han recibido durante estos diez años.
Solo me queda por decir… Bendiciones… y buen viaje….
 
 
 
Todas las imágenes que he utilizado para este texto han sido sacadas de la web….
 
 
Paola Yáñez Zepeda
 
Viaje en Esencia