IRENKO CREA UN CÚMULO DE ESTRELLAS, Viaje en Escencia

20.11.2013 17:08

 

IRENKO  CREA  UN  CÚMULO  DE  ESTRELLAS

 

        Debido a mi afición por la astronomía, participé en varios talleres dictados por astrónomos de nuestro país. Por los años 90 visitaba muy a menudo el Instituto de Astronomía de una universidad del norte del país, teniendo libre acceso a su biblioteca y a leer varios de sus libros, entre ellos por ejemplo, “Astronomía para Todos” de Jorge Ianizewsky. y “Observar el Cielo” de David H. Levy que son libros de astronomía muy interesantes y fáciles de entender. Estos, fueron los primeros libros que pude leer del tema.
        Así, debido a esta afición y al conocimiento que manejaba sobre astronomía, se me abrieron las puertas a poder trabajar como monitora de astronomía en un observatorio turístico que se inauguraría próntamente en la IV región, específicamente Combarbalá. Este observatorio con su tecnología de punta a nivel turístico y científico, tanto por sus telescopios electrónicos de 16” y 14”  como por el nivel de asesoría científica recibida por parte de excelentes profesores y astrónomos del país me permitieron tener una visión ampliada sobre el tema del cosmos. Además, pude tener una percepción más clara de la visión de ciertos astrónomos en relación al tema, de su propia creencia en la existencia de Dios y la posibilidad de vida en otros planetas. Noté - con cierta tristeza para mí- que no todos estos científicos se atrevían a tocar abiertamente estos temas, como si se avergonzaran de hablar de Dios. Pero, me di cuenta también que no era por falta de interés por parte de algunos, sino, más bien por temor a ser ridiculizados en su mismo medio científico, como si para la ciencia fuera un tema tabú, un síntoma de debilidad el hablar de Dios o de un Creador de todo lo que existe, como si fuera una locura tratar de reconciliar ciencia y espiritualidad, pero comprendí a estas personas, pues noté en más de alguno una casi “secreta” real necesidad de respuestas al momento de tocar el tema más en privado. Otros, sencillamente llegaban a un grado admirable de soberbia al creer que la “ciencia humana” era capaz de dar explicación científica a toda la creación.
        Por supuesto, también me encontré en el camino con personas de ciencia bastante sensatas y humildes al reconocer que la ciencia en astronomía alcanzaba con mucha suerte a conocer de un cien por ciento del cosmos solo un pequeño porcentaje, tan pequeño como decir, un cinco por ciento.
        El trabajar como Monitora de Astronomía a nivel turístico, me permitió utilizar los telescopios en horas fuera de las horas de trabajo y dedicarlas a observar los 360º de nuestra bóveda celeste en el hemisferio sur. Cúmulo estelares, galaxias, estrellas, planetas, lunas, nebulosas y por supuesto nuestra propia estrella, el Sol. Horas y horas de maravillarme alelada en esta contemplación del universo.
        Este trabajo lo realicé entre los años 2008 y 2009. Fue entonces, en este período en que pude observar por primera vez a través del ocular del telescopio electrónico una galaxia, ¡mí primera galaxia observada por telescopio!, era la galaxia llamada “El Sombrero”, realmente un espectáculo celestial, la maravilla misma. Es que, se me erizó el cuerpo entero, y sentí un nudo en la garganta al punto de tener que contener las lágrimas – no estaba sola y quizás mis compañeros no me comprenderían - y no solo por lo que estaba viendo, sino porque esta visión me refrescó la memoria muy gratamente. Recordé, con tanto cariño un hecho vivenciado años antes, el cual registré en mi cuaderno de notas con todo detalle.                                                
     Fue una noche en que me acosté y luego de leer un rato me dormí. Sentí el característico tironcito, como si un imán gigante te jalara, entonces sentí la mano del ángel en mi brazo derecho y comenzamos a elevarnos hacia la profundidad del cielo. En el trayecto, pude ir observando la luminosidad de las estrellas, miles de ellas sobresalían en un profundo fondo azul casi negro y en todas las direcciones en que miraba.
Me dejé llevar en silencio y respeto ya que el ángel no hablaba tampoco. Intuí, que nuevamente me querían mostrar algo fascinante e importante y no lo estropearía con preguntas tontas producto de las ansias de saber, ni tampoco por no controlar mí propio asombro con mis labios – ya me había ocurrido decenas de veces esto del asombro y mi avalancha de preguntas al ángel, y que solo terminaba en el retorno inesperado a mi cuerpo perdiendo así una importante instrucción y enseñaza. Así, tardarían días de espera para una nueva oportunidad, pero eso sí, siempre había una nueva oportunidad para demostrar que habías aprendido (¡aunque seamos muy lentitos para darnos cuenta… Ups!)

 

        En cierto momento nos detuvimos y presté atención a lo que me comenzó a mostrar. El ángel Irenko levantó su hermosa y fluorescente blanca-dorada mano derecha de la que colgaba su túnica turquesa cristalino y haciendo un movimiento suave, lento y ondulante con sus dedos extendidos, como indicando hacia aquel espacio de fondo oscuro y poco poblado de estrellas, para mi asombro, se comienza a formar de la nada detrás y a medida que iba desplazando su mano abierta, un cúmulo inmenso de miles de estrellas – yo no sabía si soportaría tal grado en mi asombro y felicidad de lo que veían los ojos de mi espíritu, solo oraba controlarme lo requerido por el cielo, para no volver a mi cuerpo y perderme esta maravilla  – miles y millones de estrellas al unísono reunidas formando un inmenso cúmulo que, a medida que se iba formando se iba como compactando en su centro, estrellas preciosas, blancas, tan blancas como la luz de la chispa de la soldadura, casi como danzando, con precisión y como dotadas de inteligencia propia se iban ubicando desde dentro hacia fuera, hasta en el contorno más alejado de aquel nuevo cúmulo creado, formado de la nada por este maravilloso ángel. Algo muy similar a esta imagen que bajé de la web, el cúmulo globular de esta fotografía. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
No pude contener por mucho tiempo el asombro, pero fue la emoción de lo que mis sentidos al ciento por ciento percibían ahí, fuera en el espacio, que el retorno a mi cuerpo fue instantáneo. Al abrir mis ojos, aún con la conciencia y el recuerdo tan nítido no pude contener las lágrimas y así casi a sollozos lo registré en mi cuaderno de notas.
        Después de este viaje en esencia, pude ver que mi percepción de cómo se pudo haber formado el cosmos no estaba tan alejada, más bien se reafirmó y cobró total fuerza.