Irenko y la ciudad de cristal - CONTEMPLANDO LOS CIELOS NORTINOS

18.08.2015 18:13

CONTEMPLANDO  LOS  CIELOS  NORTINOS

 

               Todo comenzó hace algunos años en que, con la familia viajábamos hacia el interior de nuestra ciudad, recorriendo y conociendo lugares muy bellos de nuestro norte. Lugares como, por ejemplo, el cerro Unita, tan conocido por su geoglifo llamado “Gigante de Atacama” o los cerros Pintados, también conocido por la gran cantidad de geoglifos grabados en la ladera este de aquella franja de cerros. También visitamos muchos otros bellos lugares como las quebradas, entre ellas, la quebrada de Guatacondo, un muy especial lugar, por sus restos arqueológicos en el sector denominado Ramadita y más al interior, los llamados petroglifos de Tamentica.  Quebradas existen muchas en esta región, y son estos  lugares muy especiales y ricos en energías emanadas desde la tierra y aguas, excelentes para nuestros organismos, algunas de estas aguas con propiedades medicinales.

               Debo aclarar que, en un principio, estos viajes los realizábamos por escapar y olvidar un poco la llamada “civilización” que a ratos ahoga,  además otro de los fuertes motivos sería la  formación que nuestros padres nos dieran, pues desde pequeños siempre estuvimos en mucho contacto con la naturaleza. Eran largos veraneos que nosotros realizábamos, así como muchas familias acá en el norte lo hacen; disfrutando de estas hermosas y cálidas playas, pues en este angosto y largo país costero y sobre todo acá en el norte lo que más hayamos son playas. También, viajamos algunas veces hacia el sur del país, nos sorprendía ver tanto verde y lluvias, bueno cuando se crece entre cerros y pampas con tan escasa vegetación igual terminas amando estos lugares con sus cerritos de tierras de variados colores. Todas estas razones provocan más tarde que tu ser necesite de estos lugares, para disfrutar de la paz y tranquilidad que estos nos regalan y esta necesidad será para el resto de tu vida.

               Como decía, eran estos paseos algo más que eso, ya que, uno regresaba a la ciudad como con energías renovadas o como diría un buen amigo que ya no se encuentra entre nosotros, con las “pilas recargadas”  pues algo parecido a éstas es lo que todos somos.

 

               Nuestros viajes eran (y aún  son) sin mucha preparación y sin gran equipaje, solo el de abrigo, algún sandwich y el infaltable café o té, para enfrentar el frío intenso de estas noches en esta querida pampa nortina y por último el deseo en nuestro interior de conectarnos armónicamente con todo lo que en estos lugares nos rodearía, lugares tan especiales y bellos como ya dije, cada cual con su propio encanto natural. Nos gustaba permanecer en estas localidades, para disfrutar de sus hermosos paisajes durante el día y, llegada la noche observar los cielos, ya que, aquí en el norte de mi país las estrellas se pueden ver con gran nitidez, los que hayan acampado en estos lugares y por las noches hayan observado los cielos, estarán de acuerdo con lo que aquí escribo, y es que, es un espectáculo estelar maravilloso que te hará soltar más de una lágrima. Eran estas, largas y hermosas noches que te invitan a la meditación y la reflexión, nos hace preguntarnos cosas como ¿Quiénes somos?, ¿Por qué estamos en este hermoso, pero mal tratado planeta llamado Tierra?, ¿Quién, no se habrá hecho estas u otras preguntas parecidas más de una vez en la vida?

               Como ya dije, en un principio, los paseos los hacíamos por buscar tranquilidad y esa paz interior que estos lugares nos regalan, pero hubo un hecho que nos ocurrió en uno de estos viajes, que confieso de todo corazón, cambió el rumbo a nuestras vidas y además, nos motivó a realizar estas salidas al interior de la ciudad más a menudo. Este hecho fue, una experiencia tan hermosa, que con seguridad ninguna de las personas presentes aquella noche podrá olvidar.

               Un día de septiembre del año 1997, que entre familiares y amigos, nos reunimos para una “ salida a la pampa”  como solíamos decir. Partimos de la ciudad aproximadamente a las 20:00 horas, el circuito realizado: ex oficinas salitreras Santiago Humberstone y Santa Laura, ubicadas a unos 40 kms.  de nuestro puerto, luego tomamos la carretera hacia el norte en dirección a la localidad de Huara y algo más al norte de esta comuna, lugar en el cual decidimos detenernos junto al camino, para servirnos unos cafecitos, ya que, el frío allí calaba los huesos; cuando llegamos a este sitio ya eran las 24:00 horas aproximadamente ya que, mientras nos desplazábamos hacia este lugar nos detuvimos en varios sitios, para filmar y también disfrutar de los cielos.

 

               Permanecimos en este lugar por largo tiempo, disfrutando de nuestros cafecitos y comentando lo impresionante que se veía el cielo y las constelaciones visibles, para nuestro hemisferio en este período del año, la gran nitidez con que se podía observar la eclíptica de nuestra galaxia vista desde nuestra posición en la Tierra, el cómo atraviesa, al parecer, los cielos cual sendero de plata, nuestra llamada Vía Láctea. Recuerdo que también hablamos, sobre cuentos e historias de la pampa, narradas alguna vez por nuestros abuelos, quienes en el pasado vivieran en estos lugares, en fin, hacíamos la noche agradable riéndonos, a veces, de alguno de estos relatos. Terminado el café se pensó en regresar a casa, por lo avanzado de la hora, ya eran, más de la una de la madrugada, así es que, subimos al vehículo y partimos. Pero una vez dentro de este, y antes de pasar nuevamente por la comuna de Huara, de común acuerdo cambiamos de parecer con respecto a volver a casa y ya frente a esta localidad decidimos pasar por el control de carabineros y seguir con rumbo al este, en dirección al cerro Unita. Al parecer, ninguno de nosotros tenía la real intención de volver a casa,  fue entonces, que, nos olvidamos del tiempo y disfrutamos del resto de aquella especial y espacial noche.

               El Unita, es un cerro isla, es decir, está situado en medio de una gran planicie de tierra y aislado. En éste cerro se encuentra el famoso geoglifo llamado “Gigante de Atacama” el cual se dice representa al dios de la cultura Tiawuanako, llamado, “Wiracocha.”

               Permanecimos, en éste cerro por algunas horas, ya que, su temperatura era agradable, muy distinta a la temperatura en la planicie en donde estuviéramos horas antes, era realmente cálido allí.

               Estacionamos el vehículo en la falda oeste del cerro y luego algunos de nosotros comenzamos a subir hacia su cima, cuidando siempre de no provocar daño alguno al geoglifo gigante y menos aún a los pequeños, que cercanos a éste se encuentran. De verdad era agradable estar allí y la calidez se podía medir, pues notamos que llegaba poco más arriba de las rodillas lo más cálido. Este cerro, no tiene mucha altura, pero desde su cima se pueden ver algunas localidades tan distantes como Pozo Almonte, por ejemplo, con sus lucecitas amarillentas, y algunas otras localidades, intercaladas éstas por grandes extensiones de oscuridad entre una y otra. Y si se mira en dirección suroeste, y  hay nubosidad hacia la costa, se puede observar el reflejo luminoso de nuestro puerto.

 

               Algo que hasta hoy llama mi atención, es  haberme fijado en que a pesar de haber una luna amarillenta y menguante, ya, casi por perderse de nuestra vista, aquel dibujo gigante y los pequeños que lo acompañan, se podían observar con claridad aún a cientos de metros antes de llegar a ellos, y cosa curiosa es, que esto mismo pudimos notar en los geoglifos de cerros Pintados y los de la quebrada de Guatacondo, es como si hubiesen sido hechos estos gravados, para poder ser vistos de noche por estos verdaderos artistas, los antiguos habitantes caravaneros, como una guía también nocturna, quizá.

               Después de haber permanecido largo rato sobre la cima del Unita, comenzamos a bajar y ya junto al vehículo, nos tendimos con una manta sobre la arena y alguien sacó la cámara filmadora, para hacer algunas tomas de la luna antes de que ésta se perdiera y también de las localidades con sus luces visibles a la distancia, mientras otro, lanzaba de vez en cuando un haz de luz dirigido al espacio con un foco halógeno y bromeando sobre recibir respuesta desde las estrellas. Pronto decidimos volver a la ciudad, eran ya las 04:30 a.m. aproximadamente.

               Cuando pasábamos nuevamente por la ex oficina Santiago Humberstone, nos detuvimos en el estacionamiento que está frente a la entrada de esta oficina, para mirar otro rato el cielo – pensamos – pero el frío y el viento helados nos devolvió en dos minutos al vehículo. Continuamos entonces el regreso a casa, pero a la altura de la llamada “Pampa Perdiz” tomé el foco halógeno, para iluminar hacia el espacio mientras nos desplazábamos, luego lo dejé en el piso del auto y me volví para observar hacia arriba, grande fue mi sorpresa al ver varias luces que en su vuelo enfilaban hacia el norte, de inmediato se lo comuniqué a mi hermano quien conducía, éste frenó rápidamente y algo brusco, razón por la cual todos los pasajeros que atrás dormían, de un salto despertaron. Bajamos casi todos del vehículo y tomando nuevamente el foco,  lanzamos un haz de luz dirigido a aquellas luces, las cuales se desplazaban a no mucha velocidad pudiendo así contarlas, eran diez luces. Para comparar la magnitud de aquellas luces con algo conocido, diré que, eran como la estrella Sirio, y su altitud como a unos 2000 metros aproximadamente.

               De pronto, tres de estas luces rompieron su formación y comenzaron a devolverse, pero esta vez venían en dirección a nosotros, aumentando cada vez más la magnitud de su luz y siempre en bajada, llegando la primera de aquellas, a unos 300 metros de distancia de  nuestra posición y regalándonos ahora un destello increíblemente luminoso, tan intenso que lo primero que vino a nuestras mentes - por lo menos fue lo que comenté con mi hermano más tarde – al ver esa maravilla fue, la frase o pensamiento: “y los cielos se abrieron” esto fue extraño, es como haber pensado lo mismo y en un mismo instante, como una conexión desconocida aún para nosotros, no sé que nos hizo pensar esto, quizá haya sido por la proximidad de esta intensa luz, que pudimos también notar cosas a su alrededor y que por el cielo oscuro no se notaban, como por ejemplo, pequeñas nubosidades en derredor de esta luz. El color de estas luces era  parecido al de la luz blanca de la soldadura, más blanco aún, tanta luz como la que  nunca antes vimos, y que al expandirse,  era como de un color violáceo. También, pudimos ver, en el preciso instante de la iluminación, todas las lomas de los cerros que nos rodeaban. Todo esto, tuvo una duración de dos minutos, los dos minutos más largos de mi vida. Luego las tres luces que bajaran, retrocedieron como cuando uno estira un elástico y luego deja que  éste se contraiga, tan precisas en su desplazamiento  al encabezar nuevamente al resto de luces que en la altura esperaba, para luego retomar su vuelo hacia el norte. Jamás vi tanta precisión, ni en los más experimentados acróbatas aéreos de esta tierra. Afortunadamente, pudimos grabar todo este acontecimiento, o quizá debiera decir desafortunadamente. En fin, allí en plena pampa, a las 05:14 a.m. y  aún con la boca abierta del asombro, estábamos todos mirando, cómo aquellas luces  ya se perdían  en la distancia. Nos amanecimos, reviviendo una y otra vez lo ocurrido.

               Sobre la filmación, puedo decir que fue exhibida, tiempo después en un programa de televisión sobre el tema ovni y también puedo decir por propia experiencia que, sabemos hoy que este tipo de grabaciones no debieran caer en manos oscuras, ya que existe un poderoso comercio de estas cosas y que hay gente que vive de esto; lo peor de todo esto es que, estas mismas personas oscuras manipulan y tergiversan las historias de aquellos ingenuos protagonistas, para ocultar o desvirtuar este tipo de testimonio. Estos personajes públicos tienen algo de conocimiento, pero lamentablemente no muy claro de lo que está pasando realmente, y además son manipulados y presionados económicamente por entidades extranjeras, para echar por tierra cada una de estas evidencias, y que casi siempre son captadas por aficionados. Lamentablemente también diré que son personas que no ven, y que en su ceguera, no se dan cuenta de la  esencia de estas cosas.

               Esta experiencia, ha sido fundamental para nosotros y la puerta de entrada, a conocer una realidad que es y que siempre estuvo frente a nuestros ojos, pero que muchos temen ver y menos aceptar, prefieren seguir dormidos en la muerte.