Irenko y la ciudad de cristal - OTROS VIAJES, NUEVAS EXPERIENCIAS

18.08.2015 18:15

OTROS  VIAJES,  NUEVAS EXPERIENCIAS

 

               Desde aquel 14 de septiembre, que continuamos  con las  salidas, y disfrutamos de estas como gratos paseos. Pero, ya no llevamos nada para captar o cazar pruebas, pues ya no han de importarnos, solo una pequeña linterna, para iluminar nuestras caminatas nocturnas e incluso este artefacto muchas veces es innecesario, bueno, solo para aquel juego de intercambio de luces que en un principio realizamos para llamar la atención - según pensamos - de aquellos navegantes celestiales. Hoy, sabemos que cada ser vivo posee un campo luminoso, la llamada “ aura” por algunas culturas de oriente; este campo luminoso que nos rodea y envuelve es visto por nuestros hermanos de las estrellas, dado a su avanzada apertura de conciencia y evolucionada espiritualidad, es esta visión la que también nosotros los humanos podemos desarrollar por medio del amor, el sublime amor, amor el cual, Cristo nos vino a enseñar. 

Existen muchas personas en este planeta, que ya poseen este tipo de visión y muchas otras cualidades que el ser humano tiene como herencia genética, que en la gran mayoría de nosotros, dormidas han de encontrarse.

Como ejemplo a esto, se pueden mencionar enseñanzas de culturas tan antiguas como la tibetana o budista, las cuales no por casualidad nos llegan y hablan sobre la importancia de cultivar nuestro espíritu, pueblos con nulo avance tecnológico, que viven solo para desarrollar y cultivar el espíritu, la divinidad, y que nos llevan gran distancia a nosotros los occidentales en este desarrollo; pero por supuesto que algo está pasando en esta cultura occidental no creen, pues no porque sí hoy por hoy se nos bombardea sobre el tema de Dios y nuestro espíritu, como si fuera una moda, no será que algo está realmente sucediendo a niveles imperceptibles para nosotros, y que nuestro espíritu está pidiendo a gritos su propio alimento, el cual, es hallado en alguna religión, no importando cual sea esta, pues dentro de aquella siempre habrán de quienes logren la deseada conexión con nuestro Creador, o habrá también de aquellos, que lograrán esta misma conexión sin necesidad de pertenecer a cual o tal religión, pues qué ha de importar el nombre de aquella, pues no ha de existir religión elegida, como se nos ha querido inculcar, ya que, todas ellas apuntan a un mismo camino el verdadero Camino y será pues nuestro propio espíritu y nuestro corazón, en el que nuestro Cristo derramó parte de su esencia al morir por todos nosotros,  el que nos guíe en este caminar.

 

               Para  continuar, diré que, entre los viajes que siguieron fuimos a muchos sitios de nuestra  región, pueblos, caseríos, quebradas, hermosos lugares en los cuales tuvimos la oportunidad de conocer personas muy sencillas, interesantes y de gran sabiduría. Conocimos la forma tan simple y humilde en que el hombre andino convive en  gran armonía con su entorno. Un ejemplo de esto se me viene a la mente en este momento, recuerdo que en una oportunidad en que junto a uno de mis hermanos nos encontrábamos en una quebrada, conocida aquí en el norte por sus aguas termales y medicinales, en ella pudimos ver a un aymará mientras realizaba una labor en su tierra, observamos con atención el cómo este hombre, con mucha reverencia, pedía permiso a la “Pacha Mama” (Madre Tierra) en su propia lengua y en alta voz, en cada movimiento que realizaba; quería este hombre bloquear con una gran piedra, el paso del agua de una pequeña cascada y así controlar el agua para sus regadíos.

En un principio no entendíamos nada, pero pronto nos dimos cuenta de que se trataba pues, le hablaba al árbol, a la tierra, a las piedras, al agua, al sol y se paraba y se agachaba, todo esto con mucha reverencia; pronto el hombre concluyó su labor y caminando se dirigió al estanque de agua, lugar desde el cual, nosotros disimuladamente lo observábamos, nos saludó muy sonriente mientras lavaba sus manos cubiertas de barro, luego con la misma sonrisa se alejó e internándose entre matorrales continuó hablando en alta voz con la naturaleza, quizá - pensamos - a continuar con algún otro que hacer, pues acababa de asomar el  Tata Inti (padre sol) Bueno, pero todo esto es algo que nosotros los llamados “K’HARAS” (blancos)   no logramos comprender, no asimilamos aún el significado del verdadero respeto a nuestra Madre Tierra, la cual, es un ser vivo al igual que todos nosotros, pero con la diferencia de que este ser es gigantesco y hoy sufre por esta comezón llamada hombre, del cual pronto habrá de sacudirse y limpiar sus  lomos, para luego tomar  su muy merecido descanso.

               Luego de lo aprendido de aquel hombre aymará, quisimos visitar otras  localidades y conocer más de su gente, para saber sobre  sus creencias, es así que nos enteramos que ellos tienen muy claro que el hombre no está solo en este planeta y mencionan a los dioses o hermanos mayores, que nos visitan y muchas veces atraviesan en sus luces o grandes naves por estos alejados lugares,  siendo esto para aquella gente algo casi cotidiano, pero si reservado llegado el momento de tratar el tema con quien recién están conociendo, y luego según su sensible percepción,  después de un tiempo  de conocerte, de estudiarte  y ver algo más allá de lo que tu crees mostrar, percibiendo ellos la intención de aquella conversación es si se abrirán o no a tocar cierto tipo de temas sagrados especialmente los ancianos que son los que guardan todo el conocimiento heredado de sus antepasados, a los cuales hoy aún veneran en sus lugares sagrados, como lo son sus cerros Mallkus, sus Pukarás o sitios especialmente marcados por petroglifos o geoglifos.

Fue así también que, nos enteramos de un lugar llamado la Quebrada de Guatacondo y que es una apacible  localidad ubicada al sureste de Iquique, en la cual, se encuentran los petroglifos de Tamentica, y además, lugar este en el cual nos ocurriría algo  nuevamente interesante con respecto a las cosas de los cielos. Eran las 02:00 a.m. cuando llegamos al sector donde se encuentran los petroglifos,  que es antes de llegar al pueblo mismo.  Comenzamos a recorrer el circuito de los petroglifos, guiándonos con una pequeña linterna que no nos permitía apreciar en su totalidad la gran cantidad de estos grabados en la piedra, dejados por nuestros antepasados, en mi opinión, los cuales más de un mensaje quisieron transmitir en sus dibujos, mostrándonos escenas de la vida cotidiana,  algún tipo de deidades y además, eventos estelares de aquel tiempo o futuro quizá. Al no poder apreciarlos en su totalidad como antes dije, pues están estos dibujos en grandes rocas grabadas, ubicadas en un sector, por explicarlo de alguna forma, como en un mini cañón de colorado, por lo cual en la noche, solo con luz de luna se pueden ver claramente, pero aquella noche no había luna así es que nos dedicamos a mirar el cielo, pues era una bella noche e invitaba además a la reflexión, las estrellas se veían sencillamente hermosas como siempre.

Algo que favorece la clara observación es que  en estos lugares no hay contaminación lumínica o de otro tipo, bueno si no fuera por el resplandor de algunas mineras cercanas, que de paso digo, están secando algunos santuarios de la naturaleza  y contaminando con detergentes industriales  lugares como el río Loa, el cual siendo niños y digo con nostalgia, disfrutamos de sus cristalinas aguas, por las cuales hoy solo espumas, aceites y la muerte de muchas especies lo recorren. Pero,  por más que se quiera acallar, con el poder del papel y metal y el llamado progreso – retroceso - la verdad salta a la vista y es lamentable y muy triste, como antes mencioné, si no fuera por estos puntos negros en el mapa todo sería perfecto tal como fue entregado. Pero, para retomar lo bonito de esta historia, diré que, cuando se lleva bastante tiempo observando el cielo por las noches, sin necesariamente ser astrónomo, puedes estudiar el movimiento de algunos objetos habituales que surcan nuestro cielo y aprendes a identificar un satélite de un aerolito por ejemplo, o de otros objetos con movimientos como dicen inteligentes; también, puedes conocer las horas de transito visible, a nuestros ojos, de los satélites pues, si bien es cierto, estos objetos reflejan en sus cuerpos la luz que reciben de nuestro sol, es así que, hay horas de la noche en que tenemos nula visibilidad de estos objetos y es por efecto de la sombra que proyecta sobre ellos nuestro planeta, el que no podamos verlos, pero por supuesto siguen orbitándonos, estas horas son entre las 23:00 p.m. y las 04:30 a.m. más o menos.

Es entonces, que, durante estas horas pudimos ver luces increíblemente luminosas, estáticas e intermitentes, desde una hasta cinco reunidas en un sector especifico del cielo, otras veces avanzando lentamente con una órbita determinada, pero siempre intermitentes y muy parecidas al flash de una cámara fotográfica pero miles de veces más  potente que aquella. Ya al amanecer comenzaba el tránsito entre satélites y objetos luminosos de ¡ todo tipo!  Pero, como antes mencioné, ya sabíamos reconocer unos de otros, pues había aquellos que nos respondían a las señales de linterna que hacíamos con uno o varios destellos y se creaba como un juego de intercambio de luces. Aquella noche en la quebrada de Guatacondo, vimos cómo dos objetos luminosos viajaban a gran velocidad, pero en direcciones opuestas, uno de sur a norte y otro de norte a sur, vistos desde nuestra posición, nos pareció que estos objetos transitaban por una misma órbita,  es por esto, que creímos en un instante  se estrellarían, pero para nuestra sorpresa y tranquilidad ocurrió que se cruzaron haciéndose cambio de luces, tal como lo harían dos vehículos en nuestras carreteras.

               Hoy, sé que muchos creerán estas cosas porque las han vivido y saben también que todo esto es cierto, pues en nuestros viajes nos encontramos con muchos locos como nosotros y con las mismas inquietudes. Ahora, puedo contar que a  diario es posible  ver estas cosas  por sobre la misma ciudad, aún en aquellas noches de luna llena, en que su claridad nos permite ver solamente las estrellas de mayor magnitud, tan solo debemos tomarnos unos minutos para disfrutar de la belleza de nuestros cielos, además que nos hace bien para el alma y pues, quién sabe si desde allí recibamos un cordial saludo de algún hermano procedente desde muy lejanas galaxias o mejor aún  quizá, desde aquí mismo.