LA CIUDAD DE CRISTAL, LA ENERGÍA PURA QUE BAJA DEL CIELO

20.11.2013 17:49

 

LA  CIUDAD  DE  CRISTAL

 

        En aquellos días de bastante instrucción por parte de los ángeles, una mañana luego de desayunar y leer un momento, me dio frío y me abrigué y no tardé en dormirme. Nuevamente jalada de un brazo sentí el vuelo de mi espíritu, esta vez íbamos muy rápido, pero no tuve temor pues me sabía en buenas y celestiales manos, así es que me dejé llevar y mi pregunta interna fue ¿Dónde vamos esta vez? - pura curiosidad, pero hice muy bajito la pregunta en mi pensar, aunque sé que igual me oyeron jaja.
        Sentí que no parábamos nunca y por esto pude percibir que íbamos más lejos esta vez. Todo lo que veía a mi alrededor eran rayas, sobre todo luego de pasar por el cielo azul-negro profundo y estrellado, solo veía rayas de luz de las estrellas que iba quedando tras de nosotros. Hasta que me asaltó un pensamiento, fue una pregunta y fue esta: “¿Y si esta vez no regreso?” ¡Ups!
        Sentí que comenzamos a menguar la velocidad de desplazamiento y ahí noté algo inmenso ante nosotros, de hecho era tan grande que traté de abarcarlo con mi visión y no pude, sencillamente porque no vi sus límites o fin o contorno, nada de eso. Esta inmensidad era luz, toda y totalmente luz y mis ojos casi se me salieron de la órbita por la impresión, es que era la luz más hermosa que he visto. Pero, de pronto pedí detenernos porque algo entorpecía mi avance hacia esa  maravillosa luz, algo opaco que serpenteaba muy cerca de mí y no podía definir qué era aquello molesto que me hacía frenar y que me dio temor, porque como que se interponía y culebreaba en una danza loca. ¡Uf! - me dije – ¡Voy a volver mejor, no sé qué es eso, pero no me gusta!
Y, así con solo pesansarlo y desearlo el ángel me regreso al cuerpo. Por supuesto que, como siempre lo agradecí al cielo y ya despierta lo escribí en mi cuaderno. Estuve todo ese santo día  reflexionando y tratando de averiguar qué había sido esa cosa que me impedía llegar y entrar a ese “cielo de luz”
       Al día siguiente, experimenté lo mismo, tal cual. Pero, esta vez osé llegar más allá, total me sentía protegida por tal ser espiritual poderoso, ese ángel que ya era mi compañero de tantos viajes, mi protector y mi buen amigo, sí, mi querido Irenko. ¿A qué podía temer entonces?
       ¡Sigamos adelante! El ángel siempre en silencio y sin soltar mi mano dejaba que yo sola, en mi pensar, me enfrentara a mis temores y así me aprendiera a defender. Bien – pensé - eso es muy sensato.
        Fue entonces que, otra vez veo esa “cosa larga y serpenteante” apareció justo cuando íbamos llegando a la luz. “¡Mm... qué raro – pensé – otra vez... mm... tendré que ignorarlo no más, si no, no llegaré a ninguna parte así pues! Ahí, justo en ese pensar y que el ángel leyó en mí, comenzamos a avanzar con nueva velocidad ya para adentrarnos en esa inmensida de luz. La cosa serpenteante seguía delante de mí pero no me molestaba en nada, era un “algo plomizo” inofensivo. Pero, esta ves había algo nuevo que sí me tocaba y me provocaba una sensación extraña en todo el espíritu, era raro ya que se me hacía conocido y de lo cual relataré más adelante. Sucede que, al ir entrando a esa inmensa luz, sentí millones de clavaditas en mi ser, lo cual comprendí  que era energía, no sé cómo se mide la energía de este tipo, pero podría decir que era energía por toneladas clavando en mi ser. La sensación es como si un imán gigante te atrae, es como cuando pones en tu mano un cepillito de esos con los que sacamos las pelusas de la ropa, y palpas sus pelillos finos, una sensacion de miles de finas y suaves agujillas. Bueno pues, esto sí fue fuerte en sensación y me hizo regresar al cuerpo y, mientras venía regresando supe la respuesta de lo que era realmente la cosa serpenteante y esto hizo que largara una carcajada y sentirme como en las caricaturas animadas, “me puse con orejas de burro” mentalmente y me reí de mí misma, ¿Cómo había sido tan mensa y había olvidado aquello? Al día siguiente, solo lo confirmé.
       Al tercer día, seguido de estas salidas me enconté con Claudio y en privado le comenté sobre estas cosas vividas y nuevamente me hace la pregunta:
 
 “¿Y, dónde sientes que fuiste?”
 
Sin dudarlo le respondí:
 
 “¡Siento que fui a la Ciudad de Cristal!”
 
       Me miró y sonrió feliz, y ahí estaba nuevamente ese brillito misterioso en sus ojos  y luego de un instante con su cabeza y su mirada asintió afirmativamente. Luego me dijo:
 
“¡Oye... pero no te vayas a ir ok?”
 
       Por supuesto hoy sé que, esto último que me dijo dentro de la broma, encerraba un mensaje, porque así es él, nunca nos dice algo solo porque sí y con los años solo lo he ido comprobando.
                                                           
    
 
  Ese mismo día por la mañana, una tercera vez como dije, me pasó lo mismo que los dos días anteriores. Así es que, ahí pude comprobar que lo que me había hecho sentir recelosa, la “cosa serpenteante” era nada más y nada menos que mi propia cuerda de plata. Entendí entonces que, la luz viva y plateada que emite esta cuerda mientras estamos vivos y aun conectados a nuestro cuerpo físico no es nada en cuanto a luminosidad, es opaca en comparación con la luz de esa ciudad maravillosa vista de fondo, la Ciudad de Cristal. Comprendí que cualquier luz que conocemos aquí en la Tierra, por gran magnitud que le podamos medir jamás se comparará con la real luz, la luz que irradian este y otros lugares preciosos. Y, ahora podría decir que comprendo lo que en un mensaje los ángeles nos dijeron que la luz que conocíamos aquí y por más intensa y luminosa que la viéramos siempre sería opaca ante la preciosa luz de nuestro Señor JesuCristo.        
 

LA  ENERGÍA  PURA  QUE  BAJA  DEL  CIELO

       Como antes mencioné, hay un tema particularmente interesante, pues es del interés de muchos y tiene que ver con ciertas “energías puras” que nos están llegando desde el cosmos. Y, de ello quiero tratar en este capítulo, ya que nos atañe a todos los que queremos mantenernos en armonía y tranquilidad que tanto cuesta a veces, sobre todo cuando se vive en un lugar donde estamos  constántemente bombardeados de malas noticias y situaciones de conflicto en nuestro entorno.  Por supuesto que, uno será dueño de hacer los cambios necesarios para decidir cómo hacer nuestro nuevo ambiente grato y en paz y además estar preparados a recibir estas nuevas energías puras aprovechándolas ahora y no dejándolas pasar.
       A lo largo de todos estos años, en estas salidas en compañía de los ángeles, pude descubrir entre otras cosas que, en el transcurso de un año hay períodos de mayor intensidad de energía que, por lo que ahora puedo comprender, luego de aquella vez que percibí con mi esencia, fuera del cuerpo en ese lugar de mucha luz que me fue enseñado por el ángel, aquella rica energía inmensa que me llenaba y atraía como un imán gigante, provenía de allí. Como dije antes, me era algo conocido y claro que sí pues, en muchos de estos viajes en esencia la había sentido pero en variada intensidad, unos días era muy pero muy leve y suave, al punto de sentir en ocasiones una, dos o tres clavaditas por mano y siempre al momento de ir saliendo del cuerpo y estas se mantenían suaves.
En cambio, había otras ocasiones en que llegaba con más intesidad, así como también había días en que no se sentía nada. Desde que descubrí aquello de las energías, decidí poner atención a estas y a sus cambios, primero en el transcurso de una semana, luego del mes y así sucesivamente en adelante y también lo comencé a apuntar en mi cuaderno. Con ello quise llevar un registro de estas energías y estudiar así si había una constante, pero lamentáblemente no hacía estos viajes en esencia a diario concientemente como ya expliqué antes,  aún así me sirvió para saber que sí había una variación. Así es que, cuando sabía que esa mañana estaba llegando esta energía por montones solo me dedicaba a meditar y a recibirla con mis palmas al cielo.
Fue así que, también comprendí el por qué cada vez que oraba al cielo con mis palmas abiertas mientras estaba despierta y en mi cuerpo físico podía percibir estas energías más sutilmente, así como un muy suave hormigueo y calor nada más. Pero, esto era muy distinto fuera del cuerpo y en esencia, allí fuera del envoltorio es todo más claro y nítido. Como anécdota, recuerdo que en una oportunidad Claudio nos habló sobre los llamados “mudras” que son ciertos movimientos de las manos y los cuales podemos practicar para canalizar estas puras energías hacia ciertos centros de nuestro cuerpo, ya sea física o espiritualmente. Eso me encantó, me pareció genial que pudiésemos canalizar estas ricas energías a diferentes partes de nuestros cuerpos y así alimentar de estas energías nuestro espíritu y por qué no decirlo, quizás también despertar la genética dormida que poseemos como herencia. Así es que, “¡qué me dijeron a mí pues!” Comencé entonces, a practicar un día cualquiera y el resultado fue grandioso.
Una mañana me salí del cuerpo y como no me estaba elevando con rapidez, más bien floté sobre mi cuerpo por unos instantes, lo que me permitió notar que esa mañana estaban llegando estas energías y a modo de juego probé a hacer estos mudras fuera del cuerpo y comprobé lo tan efectivos que son. Para comenzar, uní mi dedo meñique con el índice y lo hice en ambas manos por separado, y maravilla de maravillas, ¡la energía solita se canalizó hacia mi cabeza! Woow!...  - fue mi única expresión – y continué con el paso siguiente, uní el dedo meñique con mi dedo medio y ¡chan!  Esta vez la energía se dirigió a mi corazón y me hizo dar hasta un sobresalto astral... Seguí con la prática y con los dedos siguientes y la energía se canalizó hacia las extremidades. Es que esto era realmente maravilloso. Me pregunté ¿cómo no supe desde mi adolescencia sobre estas cosas? Esto era genial, fantástico. Aunque sabía la respuesta, pero uno igual se lamenta a veces.
        Bueno y, luego de esta práctica casi como en juego de niño curioso volví feliz y satisfecha a mi cuerpo. Y, reflexioné sobre cómo estas enseñanzas que nos llegan de oriente tienen su origen en una verdad y su razón de ser. Pienso que de todo debemos saber sacar lo que nos sirve y qué no nos sirve y es solo un adorno innecesario que solo confunde el aprendizaje. Es por ello que, más bien debemos escudriñar la verdad porque muchas veces estará enfrente de nuestra nariz y no nos daremos cuenta si no estamos realmente despiertos.