LA COLUMNA DERECHITA, Viaje en Escencia

20.11.2013 16:19

 

LA  COLUMNA  DERECHITA

      Las primeras recomendaciones que recibí de mi amigo para lograr un viaje en esencia fueron simples. Siempre me decía:
 
“Cuando te vayas a dormir trata siempre de mantener la columna derechita, los seres humanos somos verdaderas antenas emisoras y a la vez receptoras… Con el tiempo descubrirás cual es tu mejor postura para facilitar el desdoblamiento… Es importante la total relajación y armonía interna… Olvida todo problema o mal rato vivido durante el día”
 
       Estas primeras salidas siempre fueron algo divertidas para mi. Comencé por darme cuenta de que, estas salidas en esencia eran como un juego de niños para mi amigo. Por supuesto, más tarde me dijo que era algo fácil para él porque lo hacía desde niño. Entonces sentí aun más confianza y crecían en mi más las ganas de conquistar este maravilloso vuelo. 
       Debo reconocer sí que, la primera docena de salidas fueron sin el recuerdo total del lugar visitado, más bien solo podía percibir cuando salía de mi cuerpo físico y el regreso, y lo reconocía por el “zumbido” característico en mis oídos, un ruido muy semejante al que produce la corriente en los cables eléctricos. Solo por eso sabía reconocer que había ido algún lugar pero no lograba recordar dónde y eso a pesar de no recordar todo, era un estímulo muy positivo para mi. Decidí que, en adelante por muy leve que fuera el recuerdo de lo experimentado lo escribiría, tomaría nota de cada sensación, sonido y percepción nueva que se me presentara, esta decisión no pudo ser más acertada pues, al pasar de los días descubrí que el escribir cada detalle por muy insignificante que me pareciera, esto comenzaba a agudizar nítidamente mi recuerdo.   
 
      “Recuerda siempre que, no estamos solos en estos trabajos de aprendizaje espiritual y siempre, siempre estaremos protegidos en tanto así lo creamos y solicitemos. No olvides que la oración que nos enseñaron de pequeños es muy real, el “ángel de la guarda” existe, solo debes estar convencida de que así es, ya no es solo el hecho de creer, es estar convencido de que es así…y es probable que hasta lo llegues a conocer algún día, cuando menos lo pensaste… 
        Tampoco olvides que, para aprender sobre las verdades universales debemos poner de nuestra parte también, si queremos aprender de las cosas espirituales hay que ser perseverante en el camino, golpear y golpear la puerta, clamar y clamar por ello, pues se nos abrirá cuando más distraídos estemos quizás. El cielo siempre está presto a entregar, pero ¿cuál será tu aporte?, ¿cuál será tu entrega? Siempre es bueno poner el cincuenta por ciento antes de esperar recibir y no te hablo de nada material… a la carne lo de la carne… al espíritu lo del espíritu.
Es muy bueno dedicar cada día un tiempo a la oración, incluso en el solo hecho de contemplar el cielo ya te conectas con el cielo… Puede ser al amanecer, al medio día, al atardecer o anochecer no importa la hora que elijas lo que importa es que, no olvides nunca que sí somos escuchados en todo momento y no hablo de nuestras peticiones solamente también me refiero al agradecer por todo, por el nuevo día que se nos brindó para el aprendizaje, incluso hasta para dedicar un tiempo a la contemplación de todo lo que nos rodea, hasta por el vuelo de esa gaviota que vimos y el preguntarnos por qué voló ahí ante nuestros ojos, cual es el aprendizaje de aquello.” 
 
       Cada día que compartía más con él, entendía el por qué a esta gran persona le habían sido otorgadas tales virtudes desde pequeño, y quien sabe, quizás no solo era un conocimiento adquirido en esta presente vida. 
 
       Cuando ya comenzaba a recordar claramente las salidas en esencia, una noche al acostarme y disponerme a dormir, mi percepción me alertó de algo especial, sentí que no estaba sola en la habitación, sentí una presencia de energía muy agradable, al instante recordé las palabras de mi amigo sobre lo probable que era en ocasiones el lograr sentir claramente en el plano físico la presencia de seres espirituales que por su elevada frecuencia vibratoria de amor no pasaban desapercibidos y además porque les estaba siendo permitido por alguna razón importante. 
        Y, ahí estaba entonces con una sonrisa de emoción que trataba de ahogar para mantener la compostura pues, no quería arruinar nada por mis ansias y felicidad de lo que estaba experimentando. Otra vez estaba sintiendo esa vibración de cosquillas agradables en mi frente y mi corazón henchido de gozo, ahí estaba acostada en mi cama como una “momia de Chinchorro” ¡tieza!, tratando de mantener mi columna derechita, deseando no llegar al entumecimiento del cuerpo en el esfuerzo y así no arruinar por humanos fallos este regalo del cielo. Pero, pensé que si estaban ahí era porque el cielo confiaba en mi, y eso me ayudó en gran medida.                            
         Esta vez, ya me había saltado el paso del famoso zumbidito eléctrico, no lo sentí y sin darme cuenta estuve fuera de mi cuerpo flotando como un globo de helio acercándome al techo de la habitación sin poder aferrarme a nada para no seguir subiendo vertiginosamente, a la vez que observaba a mi alrededor y pude ver que, ahí muy sereno y divertido por mi intento de maniobrar en mi nuevo estado etéreo, suspendido en mi habitación se encontraba mi amigo muy de brazos cruzados.
Le sonreí y me alegré mucho de verlo, esto aumentó mi confianza en aquel estado… me respondió el saludo y me manifestó estar feliz de mis logros, sentí que de verdad compartía mi felicidad, y es que, cuando se está fuera del cuerpo y te reúnes con alguien que de verdad te tiene afecto eso se transmite instantáneamente, no se puede mentir en ese estado, todo queda al descubierto. Pude sentir en profundidad que mi amigo me tenía mucho afecto, y que ya no solo tenía que creerle porque me lo manifestara de labios, él  realmente hacía suyos mis logros, avances, penas y alegrías. Y, hoy puedo entender lo que Claudio nos explicó años después sobre aquello, que en el cielo el amor se podía medir en extensión y profundidad. Ciertamente mi amigo era un filántropo.