LA CUERDA DE PLATA, Viaje en Escencia

20.11.2013 16:26

 

LA  CUERDA  DE  PLATA

 
“Antes que se quite la cuerda de plata, y se quebrante el tazón de oro, y se quiebre el jarro junto al manantial, y haya sido quebrantada la rueda para la cisterna: Entonces el polvo vuelve a la tierra justamente como sucedía que era y el espíritu mismo vuelve al Dios verdadero que lo dio.”
 
Eclesiastés cap: 12: 6-7 
 
         La Biblia, menciona de esta hermosa poética forma el proceso por el que pasa el espíritu al momento de la muerte de nuestro cuerpo físico. Y, esto es muy real, es por esta razón que se le menciona así, como la “cuerda de plata”. 
         En el período más intenso de instrucción recibida ahora por parte de los ángeles, pude ver y meditar sobre muchos lugares, imágenes y situaciones vivenciales, tanto del pasado como del presente y futuro. Pude tomar nota de cada una de aquellas, por ello conservo las imágenes tan nítidas en la memoria. 
         En uno de estos viajes en esencia, pude ver por primera vez la llamada “cuerda de plata” y descubrir por qué se refería así la Biblia a este tema, es que no puedo ahora imaginar otro nombre más acertado que ese. 
 
         Recuerdo que salí de mi cuerpo físico jalada desde mi brazo derecho, sintiendo algo ya conocido para mí a esa altura del tiempo de instrucción. Y es que, es muy agradable la sensación de ser tocado por un ángel, se siente una suavidad inconfundible en los brazos del alma y espíritu, lo puedo comparar a lo que sientes cuando sacas la mano por la ventana abierta de un auto que va a velocidad. Esa misma suavidad que provoca el poner la mano en contra del viento, pero que abarca también casi hasta el codo, ya que estos ángeles miden como tres metros y por ello sus manos son algo más grandecitas. Pero, que maravillosa y agradable sensación, te elevas y vas tan seguro, en semejante compañía solo nace dejarse llevar y querer. 
 
         Fue por la mañana temprano, luego de leer algo de la Biblia. Me desdoblé y me comencé a elevar y siempre jalada del brazo derecho. Atravesamos el techo, y luego comencé a ver los techos de las casa vecinas como se iban empequeñeciendo al ir elevándome cada vez más alto. Seguí observando, esta vez solo hacia arriba, se notaba la claridad del día mientras estuve fuera del cuerpo también. Pude ver cada vez más cerca de mí las nubes.
 
Cuando noté, a no muy corta distancia, algo brillante que serpenteaba y que se perdía entre el espesor de las nubes. Obviamente, no quité la vista de esta cosa que se movía como vibrante de vida y me puse en estado de alerta. La comienzo a recorrer detenidamente con la vista esta cuerda plateada, a medida que voy recorriendo con mi vista, me sobresalté muchísimo, más aun porque noté que estaba más cerca de mi de lo que deseaba. Cuando llegué al metro de distancia y desde allí sigo recorriendo con mi vista hasta mi propio cuerpo esta cosa extraña y brillante, me doy cuenta que, está conectada a mí misma, a la altura de mi vientre.
 
Sencillamente sorprendente. Me sonreí en el alma al percibir que estaba viendo mi propia cuerda de plata, ¡sí!, era el famoso “cordón de plata” del que había leído alguna vez. Me tranquilicé muchísimo y hasta me reí de mi misma, por haberme puesto en guardia de algo que era parte de mí misma - lo recuerdo y me provoca risa otra vez-. Pasé de la cautela a la total atención de lo que se me estaba mostrando; estudié cada detalle de lo que estaba viendo. Era maravilloso, de unos veinte cm de diámetro, chisporroteaba minúsculos destellos luminosos de todos colores a tal frecuencia vibratoria que, al observar el conjunto era ver un color plata brillante, luminoso y vivo. Hermoso, sencillamente hermoso. 
        Esa mañana descubrí también, que esta cuerda salía de mí y se perdía entre las nubes, claro, eso era, era la “cuerda de plata”, la conexión preciosa que nos une a la esencia que permanece allá en el cielo, junto a Dios, cual cordón umbilical une al bebe con su madre que lo nutre. Una verdadera maravilla. Regresé aquella mañana a mi cuerpo, desbordando de emoción y muy agradecida al cielo por tan hermosa enseñanza.
          
        Y ya que estoy en este tema apasionante, no puedo dejar de relatar otra anécdota similar e igual de interesante.
 
        Una tarde, luego de almorzar quise tomar una siesta pues me sentía algo adormecida y ya, desde hacía algún tiempo que, notaba que cada vez que me iban a ocurrir estos viajes en el espíritu, instantes antes sentía un agradable adormecimiento, como un arrobamiento, y esta vez obviamente no dejaría de atender este estado de somnolencia pues, estos estados ya se habían transformado para mi en “llamados del cielo”. Estaba segura que vendría una nueva instrucción, algo nuevamente hermoso y celestial.
 
         Me recosté de la manera más cómoda posible. Como ya hacía tiempo descubriera cual era la mejor postura para mi a la hora de experimentar estas salidas en esencia. Era una tarde agradable y cálida, así es que, disfruté dedicando unos minutos a la meditación, que no alcanzaron a ser muchos minutos porque mi cuerpo físico se relajó y durmió, entonces mi espíritu en total conciencia se comenzó a elevar a gran velocidad, nuevamente jalada pero, esta vez por ambos brazos. ¡Uy! –  pensé – esta vez parece que iremos lejos!
 
         Es que este viaje sí era potente, tanto en velocidad y distancia.
 
Fue muy intenso aquello y no solo por lo visto, sino que, por lo oído. Sentí la poderosa compañía de estos seres espirituales, estos ángeles sabían muy bien lo que debían mostrarme. Nos desplazamos siempre a gran velocidad y esto se puede percibir en los oídos. Pasamos de ver la claridad de aquella tarde sobre mi ciudad, luego más arriba, ya la claridad de la tarde en aquel hemisferio de la tierra hasta perdernos en la profundidad de un cielo poblado de millones de pequeños puntitos de luz. Esto lo pude notar luego de que nos detuvimos. Ahí, flotando boquiabierta en el espacio pude recién observar mejor y con todos mis sentidos para no perder ningún detalle.
 
Lejos, - muy lejos para mi gusto- se encontraba la Tierra, mí planeta querido. Debimos haber estado bien lejos pues, se veía del porte de una pelota de pool y lo más hermoso es que la rodeaba un halo color celeste turquesa que destacaba en ese fondo azul casi negro del espacio profundo. Me emocioné muchísimo de poder observar toda esta maravilla y solo agradecí sin palabras. Pero, había algo más ahí que era aún más nuevo para mí. A tan solo un centímetro de separación, visto desde mi ángulo de visión, había otra esfera y era similar a nuestro planeta, pero solo que esta era etérea, sí, de un color blanco fluorescente, y del mismo diámetro de la Tierra. Era como su gemela ¿su espíritu quizás? No sé, pero me enterneció y apenó mucho ver esta escena, y fue por saber todo el daño inmenso que le hemos hecho a este inmenso ser vivo.
 
Sí, sentí tristeza al recordar todo lo mal que la hemos tratado y más pena sentí al ver que, este inmenso ser vivo puede tener también su propio espíritu, y ¿quién sabe si ha de sentir y llorar tanto como nosotros? Me pareció que se están aproximando cada vez más. Esto me llamó mucho la atención porque sentía que por alguna razón importante me lo estaban mostrando y quería entender y retenerlo todo, quería ser una buena alumna ante los ángeles y por supuesto ante Dios, pues era muy claro para mí que era él quien estaba permitiendo que se me enseñaran estas cosas.                                      
        
        En cierto momento, mientras observaba esta preciosura uno de los ángeles habló, Irenko. Por razones estrictamente personales no transcribiré aquí sus palabras pues, solo competen a mi espíritu. Sí puedo decir que, no se dirigió a mí, sino a nuestro Padre Celestial, y que por razones que hoy comprendo se me permitió oír estas bellas palabras.
 
         Luego de ver y oír estas cosas, comenzó el regreso, lo cual no fue la experiencia más agradable por dos razones, la primera es que no quería regresar, solo quería estar pegada a estos ángeles como una pequeña “ventosa”, pero sabía internamente que debía regresar y la segunda razón porque al llevar poco tiempo de manejar esto de viajar en esencia uno no percibe muy bien qué es arriba y qué es abajo y cuándo es abajo, para regresar a tu propio cuerpo a veces es vertiginoso y es una sensación demasiado fuerte de caída libre, es decír, un vértigo colosal, y se comprenderá entonces que, al percibirse a miles de kilómetros de tu cuerpo físico vivo y que volverás a él en menos tiempo que la velocidad de la luz, y que en tu pensamiento podrás percibir este desplazamiento ¡uuuy!, solo te queda encomendarte a Dios y que todo salga bien.
 
Lo importante es que, no debemos temer, más aun sabiéndonos en celestial compañía. Terminarás entregándote con toda tu confianza y volverás a la normalidad que conoces, abriendo los ojos en tu cuerpo físico, pero con el recuerdo fresco y vívido de todo lo experimentado, para luego tomar el cuaderno de notas que guardas en tu velador y escribir con lujo de detalles toda la experiencia.