MELODÍA Y COLOR QUE EMANAMOS EN AMOR, CRISTALES VIVOS, VIAJE EN ESENCIA

20.11.2013 17:37

 

 MELODÍA Y COLOR  QUE  EMANAMOS  EN  AMOR

      Hace algunos años atrás, pude descubrir algo realmente precioso y fue nuevamente en una salida fuera de mi cuerpo. Lo que experimenté esta vez fue bellísimo, a tal grado que no cabía en mí de lo que mis ojos veían. En esta oportunidad no estaba sola, bueno la verdad es que en ninguna de mis salidas fuera del cuerpo he estado sola, siempre han estado los ángeles, ya sea dejándose ver o  haciendo sentir su presencia y eso sí que se puede percibir claramente estando en ese estado del espíritu, más aún cuando es la presencia de un ángel.
Pero, en esta ocasión estaba junto a un  amigo muy querido para mí. Yo, jamás imaginé que nosotros como seres espirituales produjésemos música, sí, melodías preciosas. Estába esa mañana, una vez más meditando temprano y oyendo música de Vangelis de fondo, pues ya había descubierto hace varios años que esta música me facilitaba la relajación. Cerré mis ojos y me dejé llevar por la música hasta que me dormí.
Al ir saliendo de mi cuerpo en total conciencia, a medida que me iba elevando lentamente sentí que mi amigo estaba junto a mi también en espíritu, reconocí su esencia que ya me era  familiar, una energía rica y pura conocida, pero no fue esto lo que llamó mi atención, eso no era lo nuevo para mi, porque lo venía experimentando por años ya, lo nuevo para mí fue el descubrir con mi vista espiritual lo que producimos cuando estamos junto a un ser por el que sentimos  mucho amor, es que es una cosa difícil de explicar con palabras, pero haré el esfuerzo.
Al momento de quedarme dormida, sabía ya que mi amigo estaba allí, esperádome fuera del cuerpo, percibí su energía, entonces me desdoblé más confiada aún. Al estar ya fuera del cuerpo, solo lo reafirmé al verlo y me sonrió divertido, creo que por mi expresión y fascinación al ver lo que, por lo visto, ya para él era conocido, solo que esta vez me lo estaba enseñando a ver a mi.
Luego de ver su rostro sonriente y como si él me lo comunicara con algún sentido que no pude definir, su mente quizás, voltéo mi rostro y observo hacia la pared junto a mi cama y... ¡OOOH! Fue mi exclamación de emoción maravillada al ver que, de ambos emanaban decenas y decenas de pequeñas partículas luminosas de fluorescente colorido, pero de colores vivos muy diferentes a los colores que conocemos aquí, estas partículas eran pequeñitas y de diversas formas unas como puntitos, otras como líneas, otras de formas que no sé definir y a medida que íbamos emanándolas, estas partículas como en un desfile de danza sin fin se desaparecían al chocar en el muro de la habitación, muy parecido a como ocurre con las burbujas del jabón. Era precioso, era poder ver nuestra propia melodía de color y danza en amor.
Al ver estas pequeñas partículas, fue inevitable asimilarlas al instante a las que conocemos aquí en la Tierra como las “notas musicales” y me dije a mí misma en ese instante que quizás en el pasado algún músico o quien dibujó por primera vez las partituras y las notas musicales, quién sabe si esta persona lo habrá traido de algún “viaje en esencia” Estuve por largo tiempo boquiabierta disfrutando de esta hermosa danza y mi amigo disfrutaba de solo ver mi rostro, creo que debo haber tenido una cara muy divertida por mi asombro, mismo asombro que me hizo volver rapidamente a mi cuerpo y con estas emocionadas palabras “¡Que  lindooooo!” y ¡Glup! - dentro del envase otra vez -  Ya despierta y luego de unos minutos sentí que se alejaba la presencia de mi amigo y mientras con mis ojos aún cerrados repasé unas cuantas veces las imágenes de la visión y luego tomé mi cuaderno de notas y lo registré con todo detalle.                                                     
      Durante los años que viví en Iquique, en algunas de mis primeras salidas en esencia también experimenté cosas fuera de mi cuerpo relacionadas con la música, como la experiencia que relato en páginas anteriores sobre Saturno. En estas salidas, en varias ocasiones pude oír música de fondo mientras me elevaba por el cielo azul-negro profundo y estrellado o incluso sin ir más lejos que sobre el techo de mi casa o en mi habitación . Mientras me he ido desprendiendo del ropaje físico de la carne, he oído melodías bellísimas y que reconozco porque han sido compuestas en la Tierra - bueno es lo que se cree, aunque hoy personalmente más bien me inclino a sentir que estos genios de la música han traido estas melodías desde “fuera”, de sus “sueños”, esos que tenemos a diario – melodías como por ejemplo de Vangelis u otras melodías de esas que usamos para meditar, como de Tai Chi. Sin embargo, he oído melodías de notas muy profundas y otras que suenan como si fueran cientos de campanillas de cristal, preciosos sonidos y estas sí que solo las he oído fuera del cuerpo, músicas que por lo menos aún no he podido encontrar en la Tierra.  No creo, más bien soy una convencida de que cada una de estas melodías bellísimas que en nuestro planeta oímos y que nos transmiten buenos sentimientos, paz, armonía y amor y que elevan nuestra frecuencia vibratoria están grabadas en el cosmos, para todos aquellos que las quieran oír y que es por esto que las podemos oír cuando estamos en “sintonía”con el cosmos, cuando estamos fuera de nuestro cuerpo, en espíritu, pues en muchas oportunidades las he podido oír. Solo debemos aventurarnos y disfrutar del concierto que emana nuestra esencia en  sintonía con el cosmos.   

 

CRISTALES  VIVOS

 

        En el período en que nos trasladamos con mi familia a vivir en la cuarta región, me tomé el tiempo para encontrar una casa pequeña para poder instalarme junto a mi hija en ese lugar del campo. Encontramos una cabaña pequeña pero confortable en un lugar muy tranquilo. Hicimos junto a mi hija, de esta casita entonces un hogar y un ambiente grato. Fue un período muy tranquilo de nuestras vidas y el cual aproveché para seguir pacticando todo lo que el cielo me permitía aprender. Fue así entonces que, en esos días de relativa tranquilidad y armonía, tiempos que aprovechaba a concho, pude experimentar salidas del cuerpo ya a distancias más alejadas de la Tierra.
       Fue en una de aquellas salidas en que, sintiendo la presencia del ángel y que además tomaba mi mano nuevamente fui elevada a los cielos y a gran velocidad, esta vez podía ver a mi alrededor. A lo que sentí una distancia ya muy considerable del planeta, nos detuvimos al llegar a un lugar precioso. Había allí muchos objetos de cristal  translúcido que me emitían sentimientos, ¡sí!, podía sentir sus emisiones de amor hacia mi espíritu que las recepcionaba muy bien.
El lugar irradiaba luz y todos los cristales tenían vida propia y sentimientos propios. Esto que veían mis ojos era increíble, un espectáculo bellísimo. Fui interrupida en mi casi himnótico asombro por la voz del ángel que me comezó a hablar y a mostrar unos grandes asientos con brazos y que también eran de cristal vivo, eran muchos, y de lo cual me iba explicando que si uno se sentaba en estos sillones de cristal, estos adquirían nuestro sentir y nuestros propios colores. Esto lo encontré maravilloso, fascinante y no aguanté y actué como lo haría cualquier “niño” ¿A veeer? Jajaja.... y tuve que “tocar” y para mi mayor asombro, uno de los sillones que rocé con mi mano se unió a mi ser, cómo explicar que ese cristal vivo me sentía y cobraba más vida y adquiría mis colores, es que esto era alusinante, era genial, increíble.
Pero, algo nuevo llamó aún más mi atención de este precioso lugar y es que a mi costado izquierdo sentí que algo me llamaba, pero era un llamado en mi espíritu y volteé a mirar qué era, y me invadió una alegría inmensa al sentir que había allí un pequeño conglomerado de cristales que me estaban dando una bienvenida al lugar. Este pequeño conjunto de cristales era muy similar a la fotografía que expongo más delante, era como un arbustillo.
Y, lo curioso es que estos cristales me hacían reir mucho, pues me transmitían felicidad y alegría, fue tanta mi risa que más que risa ya fueron carcajadas y volví instantáneamente al cuerpo y aún ya despierta no podía parar de reír.
       Tardé casi una hora para dejar de reir porque cada vez que repasaba esta salida en mi mente volvía a sentir la energía rica de alegría de esos cristalitos llenos de vida y felicidad. Y, mientras lo escribía en mi cuaderno de notas, cada cierto rato debía parar porque volvía la sensación de risa contagiosa debiendo respirar profundo para poder continuar. Cada vez que pasé por este tipo de experiencias en una salida y tenía la oportunidad de comentárselo a mi amigo Claudio lo hacía y en varias ocasiones me terminaba preguntando él... 
¿Y, dónde crees que estuviste?  Me gustaba comentárselo a él porque, siempre daba una pequeña pista si estábamos “atentos” para que descubriéramos “verdades” de nuestras experiencias que nos servirían en el caminar de esta nueva etapa de la vida. Claro está que, solo nos podía alumbrar sobre cosas que el cielo le permitía, el resto era tarea personal nuestra, sobre todo la interpretación de nuestras visiones y sueños vivenciales porque para cada espíritu Dios se comunica con un lenguaje especial y único.
         Los cristales eran muy parecidos a los de la imagen siguiente:  
 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

        
 
 
 
 
En el transcurso de aquellos meses, experimenté constántemente salidas del cuerpo, llegando en un período a notar que esto estaba ocurriendo de tres a cuatro veces por semana, fue un período intenso de instrucción. Incluso, recuerdo que una vez, por estos mismos días, mi amigo Claudio me preguntó sobre este tema, y me dijo: “¿Cuántas veces por semana te estás saliendo?”
        A lo que respondí: “Unas tres a cuatro veces por semana” Entonces, me miró pensativo.. y sonriendo con un brillo especial ya conocido en sus ojos, me dijo: “Mmm.. tú estás con un pie allá arriba y el otro acá abajo” Entendí al instante lo que me decía, y era como lo sentía desde hace algunos años, él solo lo reafirmaba, pues así era, asumir que vives en dos dimensiones, “vivir en una cuarta y quinta” como dicen los ángeles. Estando en esta que es una realidad ilusoria en donde todo lo “creemos” real y a la vez concientes de poder entrar y salir de las otras que sí son reales, debemos aprender a entrar despiertos y saber volver con todo el recuerdo de lo visto y oído, pues suele ser muy útil y fundamental para manejarnos cada día con menos errores en esta  “irrealidad real” para nosotros.