¿MÚSICA EN LOS ANILLOS DE SATURNO?, IRENKO INTERVIENE EN MI SUEÑO

20.11.2013 17:17

 

¿MÚSICA  EN  LOS  ANILLOS  DE  SATURNO?

       Desde pequeña he sido una enamorada del cielo como ya lo escribí antes. Siempre lo contemplaba por horas y horas, a veces, llegando a perder la noción del tiempo en ello. Era entretenido porque, surgían ideas en mi interior tratando de dar alguna explicación a cada objeto que se movía y también a tratar de imaginar y entender nuestra posición como planeta en el espacio. Recuerdo que, me divertía mucho subir de día a la cumbre de algún cerro bajo de la Cordillera de la Costa que en la zona en que vivía alcanzaba una altura de unos 600 msnm, y así lograr una perspectiva más panorámica de la curvatura de la Tierra. Era realmente fascinante para mi cuando lograba esa vista ampliada. Ahí, acostada de guata, podía pasar un buen rato disfrutando de esta panorámica de la curvatura del planeta. Me gustaba hacer esto para lograr percibir cómo era su movimiento, su viaje por el cosmos al pasar las horas y también por el silencio que solo es atravezado por el silbído del viento, esto se disfruta en las alturas, en estas contemplaciones.
        Una mañana muy temprano, sentí cómo me desprendía de mi cuerpo físico, con los chasquidos característicos y totalmente en conciencia salí y me comencé a elevar por la habitación muy rápido hacia el cielo, pude ver los primeros rayos de luz del sol, pero seguí elevándome a gran velocidad y siempre subiendo. De pronto, todo se va tornando más oscuro por lo que pude percibir que salíamos del día y de la Tierra. Se veían las estrellas por miles en el fondo del espacio profundo. Seguí desplazándome a gran velocidad, por supuesto que no iba sola pues siempre sentí la compañía inconfundible del ángel que me jalaba del brazo derecho. De pronto, la velocidad fue decreciendo y esto fue un gran alivio para mí pues, frente a nosotros, a muy corta distancia estaba el imponente planeta Saturno, pensé ¡nos estrellamos! Luego me avergoncé ante la presencia del ángel por haber pensado esto.
        Un verdadero coloso del cielo pero… qué eran esas rocas que lo rodeaban, -  es muy distinto ver en vivo lo que has visto solo por fotografías o telescopio - rocas de diversos tamaños y formas muy irregulares, había hasta una especie de polvillo entre ellas, fue tal la cercanía a la que llegamos que pude sentarme en una de aquellas rocas que era del tamaño de un auto. Me sonreí maravillada al poder estar en ese lugar y además poder palpar esta roca, pero mi asombro fue mayor al notar que, todas estas rocas emitían una melodía casi celestial, como de cristales pero ninguna entre ellas se tocaba. Qué era esto, no lo podía creer, estas rocas conformaban anillos que iban girando alrededor del planeta pero para mi mayor asombro no giraban como la ciencia creía en la Tierra, no, sino que unos anillos de rocas giraban en un sentido y otros en el sentido contrario pero…. ¡NO SE TOCABAN! Ninguna piedra se chocaba con otra piedra, era SINCRONÍA Y ARMONÍA…  ¡FABULOSO! Yo estaba sin habla, es que no cabía en mí de ver tanta perfección en esta creación, mi única exclamación fue ¡DIOOOS!                                                                                                     
 
 
Me reí tanto al pensar ¡¿Quién me lo va a creer?! Pronto regresé a mi cuerpo con el recuerdo nítido de lo visto y oído y al abrir los ojos sin perder tiempo tomé mi cuaderno de notas para evitar quedarme dormida luego y perder u olvidar algún detalle importante de la vivencia. Realmente un regalo precioso que agradeceré eternamente.
 

IRENKO  INTERVIENE  EN  MI  SUEÑO

 
 Este dibujo que he utilizado pertenece al libro Irenko y la Cuidad de Cristal, de Juan Claudio Pastén. Así, puedo graficar más claramente la forma y dimensiones de Irenko y otros ángeles que han estado hasta el día de hoy guiando nuestros pasos, ya sea en mensajes a través de Juan Claudio como canal, como también de una forma ya más directa y personal como me ha tocado vivir y de lo cual quiero a continuación relatar una experiencia que fue parte de la instrucción del ángel Irenko en esta oportunidad.
       El día martes 28 de diciembre del año 2004 desperté al amanecer por frío pues estaba en una carpa pequeña de campamento, cuando desperté fue para abrigarme un poco más y luego acomodarme para seguir durmiendo. Estaba de espaldas y muy cómoda ya, así que fue muy fácil volver a entrar en el sueño, pero no sin dejar de percibir esta vez algo particular y ya conocido para mí, sí, ahí estaba aquella muy agradable sensación de hormigueo y cosquillas en mi entrecejo, una vibración que a medida que iba desprendiéndome de mi cuerpo se agudizaba y sentía con mayor claridad, pero no tuve temor, sabía que era el ángel Irenko y esa confianza y convicción solo permitió que me dejara llevar y querer en esta nueva caricia celestial.

 

       Al salir de mi cuerpo, veo la imagen de una anciana muy frágil y desamparada, al verla así sentí compasión de ella y por la vejez misma. No sabía quién era, solo sentía su desamparo – quizá sea por el gran respeto y cariño que siento por los abuelos así y porque trabajé muchos años con ellos en turismo – seguí observándola. Llevaba mucha carga en ambas manos y nadie la ayudaba, miré a su alrededor y nadie la socorría para alivianar su carga al caminar ya casi encorvada por los años y el cansancio. Entonces, deseé enviarle dos ángeles que la ayudaran, el solo hecho de pensarlo y plasmarlo fue una misma cosa. Así entonces, de la nada surgieron y volaron hacia ella dos pequeños angelitos preciosos que parecían de cuento, dos siluetas etéreas color turquesa transparentes que se situaron a ambos lados de ella y le cargaron de energía su cuerpo y brazos.
 
Para mi asombro como espectadora, estos angelitos comenzaron a crecer y crecer hiciéndose uno, y se formó un ser de casi tres metros de altura, lo que me hizo tener que mirar hacia arriba pues, se me habían ido acercando y ya estaba a menos de medio metro de mi. ¿La anciana? Ya no estaba, solo estaba Irenko, sí, era este tremendo ángel hermoso parado junto a mí y mi rostro rozaba los pliegues de su suave túnica que era de un color turquesa, el más bello turquesa que he visto, casi cristalino, precioso como el color turquesa de un glaciar.
 
Me sentí como un llavero a su lado, fue esto gracioso, pero no tan solo para mí, pues sentí en mí pensar su sonrisa, esto fue muy agradable e igualmente fascinante. A estas alturas, la sensación de hormigueo en mi entrecejo ya era demasiado fuerte, esto mezclado con la emoción de lo que estaba viendo y sintiendo, provocaron mi instantáneo retorno al cuerpo y desperté feliz, deseando volver a salirme pero todos mis intentos posteriores esa misma mañana fueron inútiles, estaba muy feliz. Así es que, opté por tomar mi cuaderno.