Un Grano de Arena en el Mar (Primera parte de tres)

19.11.2013 22:30

 

Un Grano de Arena en el Mar

Un Grano de Arena en el Mar

Inscripción en el Registro de Propiedad Intelectual

Por: Paola T. Yánez Zepeda 

 

        Muchas personas verdaderamente interesadas en el tema hoy se nos acercan y la pregunta más repetida es, cómo es que nos encontramos hoy conversando y recibiendo mensajes y enseñanzas de ángeles a través de nuestro amigo y hermano Claudio, la historia es larga -les respondo. Pero con mucha calma y paciencia la oyen. 

       En mi escrito anterior “Luces, Ángeles y Mensajes Celestiales” el cual circula hoy en la Red, menciono que cada ser tiene su propio sendero para hallar el Camino y esto ya muchos también lo saben por propia experiencia. Es por esta razón que, siento que es importante que narre todo desde un comienzo, todo lo que se puede contar, pues personalmente sé que no todo se puede verter afuera, también sé que no todo está escrito y que solo buscando nos daremos cuenta de esto.

     Esta es mi visión de los acontecimientos. Aclaro que es la visión desde mi ángulo, sin afán de imponer nada a nadie, otros hermanos tendrán la suya pero,  al final se han de entrelazar todas. Y, me responsabilizo de lo que digo y escribo. Relacionado con esto, solo transcribiré algunos mensajes de “contactos”, que me tocan personalmente. También sé que el mensajero no es importante, sino, más bien el mensaje. Esta es mi verdad, “mi porción”.

 

       Todo comenzó así. Desde que tengo uso de razón en nuestra familia siempre que habían ocasiones de reunión, ya fueran festejos, o paseos familiares en que participaba toda la familia, se tocaban temas interesantes que para nosotros los pequeños no dejaban de pasar inadvertidos, temas sobre las escrituras sagradas, las pirámides, Isla de Pascua con sus Moáis; si existieron o no los atlantes y cosas como por ejemplo, los misterios de la vida de Jesucristo, o qué relación había entre este gran ser y los extraterrestres; este era un tema recurrente por el cual se armaban ¡los debates! Y ¿Quién tenía la razón? ¡uuuf! Es divertido recordar esto hoy, pues veo cómo sin querer nuestros padres sentaron las bases de esta creencia y motivaron en nosotros esta búsqueda.

       Un hecho curioso en aquel entonces nos dejó con ganas de saber más, y fue lo que el abuelo materno experimentara mientras desempeñara trabajos en las estaciones de ferrocarril de la pampa al interior de nuestra ciudad (Iquique) hecho el cual nos relatara la abuela después que él falleciera. Este fue su relato:

       “Mientras su abuelo trabajaba con un cargo en algunas estaciones del ferrocarril al interior de Iquique y cerca de Antofagasta en algunos pueblitos  le ocurrió que, una tarde haciendo un recorrido por estas, (que por cierto eran largas distancias entre una y otra) iba en su vehículo conduciendo, cuando de pronto ve una gran luz tras él, lo cual provocó que redujera la velocidad, para mirar hacia atrás, pues pensó en otro vehículo, pero para su sorpresa lo que vio no era esto, más bien una gran luz que se elevó por sobre él a corta distancia. Sin pensarlo dos veces el abuelo aceleró para alejarse de aquello, pero sin resultado pues esta luz lo seguía insistente. Entonces, él comenzó a detenerse, para su sorpresa esta gran luz hacía lo mismo y así fue varias veces, hasta que él optó por ignorar aquello y seguir adelante para llegar a su destino. Pronto, esta gran luz se alejó hacia los cielos a gran velocidad…”

 

       Seguido de este relato la abuela nos contó lo que tiempo después él mismo abuelo le relatara. Otro hecho aun más extraño, y es que el abuelo hablaba de que había tenido una experiencia muy bonita, decía él que, una noche lo habían llevado en una luz o “platillo volador” como se les llamaba en ese tiempo. Que lo habían invitado a subir a esa nave, lo cual él aceptara. Contaba la abuela, que él aseguraba haber visitado una ciudad en el espacio y que solo se le había permitido observar desde los aires este nuevo lugar, con calles de oro, en el que había podido ver gente como nosotros, pero que vivían felices y que lo saludaban como si lo conocieran, cosa que lo dejó maravillado… Hasta ahí llegaba el relato de la abuela referente a este especial hecho, pero también nos dijo luego, que desde aquel suceso el abuelo era otro, si bien es cierto siempre la abuela admiró el desprendimiento de su esposo de todo lo material, ahora con esa vivencia se acentuaba más aquello y ella no entendía ahora el nuevo afán de su compañero de alejarse de la ciudad y comprar tierras por la pampa para vivir allí y sembrar, cosa que cumplió, pero no completamente, pues se vio solo en su idea y proyecto, ya que sus hijos ya adultos no lo apoyaron en esta “locura” – según ellos pensaban –  y terminaron por convencerlo de volver a la ciudad, cosa que lo entristeció, pues todos sus sueños y trabajos de meses arduos  bajo el sol y en soledad se perdían. Pensé- ¡Cómo no estuve allí abuelo, para apoyarte! - bueno yo aun no estaba ni en proyecto de nacer, pero hoy lo entiendo, comprendo muy bien lo que sentía él. Hasta aquí es el relato sobre lo sucedido a mi abuelo.

 

       Más tarde, cuando ya contaba con 9 años, recuerdo que siempre tomaba un librito verde que se titulaba Sagradas Escrituras y lo abría para leer, pero pronto lo cerraba, pues creía entender allí cosas que no me agradaban mucho, como por ejemplo el libro del Apocalipsis en cierta parte en que mencionaba a “la gran ramera”, esto que creía comprender bien me asustaba y optaba por cerrarlo y no lo tocaba por largos períodos. Más tarde comprendería el por qué.

Pero, con mi padre siempre leíamos los mismos libros, los que él me conseguía en la biblioteca de su lugar de trabajo. Esto era entretenido porque, siempre podíamos debatir sobre los contenidos de aquellos, libros de autores como Erick Von Danicken, o uno que nos llamó mucho la atención “¿Fue Jehová un cosmonauta?” Nos pareció interesantísimo el contenido, también me traía lectura de Lobsang Rampa, pero siempre que terminaba alguno, pues me los “devoraba”, sentía esa sensación de insatisfacción y de más incógnitas aun. ¿Por qué me pasaba esto siempre? No lo entendía. Cuando íbamos de veraneo a la playa, mi padre me traía lectura de la biblioteca de la base aérea, que quedaba a pocos kilómetros de donde acampábamos. Esto era entretenido pues, crecimos viendo los hangares con aviones espectaculares como los F- 5 o los F- 16 y oíamos todos los días sus prácticas y vuelos que nos llevaban como niños a soñar con volar. Luego de terminar un libro, suspiraba mirando al cielo, deseando mi mente de niña que desde allí alguien me diera respuestas. Juntos mis hermanos y yo, nos entreteníamos todas las noches mirando satélites y estrellas fugaces y en eso se nos pasaban las horas. Muchas veces entre esas estrellas fugaces y satélites veíamos uno que otro destello diferente, como “flashes” potentísimos y en variados sectores del cielo. Solo nos salía un ¡OOOOH! ¿VIERON ESO?  a coro. Para mi mente de una niña de los años 70 estas eran estrellas que explotaban, bueno, esa era mi teoría. Hasta que llegó la noche de uno de esos tantos veraneos en la costa de Iquique. Contaba ya con un poco más de edad en esta ocasión. Esa noche mi madre me pide que le acompañe al baño, así que nos fuimos buscando un lugar alejado del campamento, aunque éramos los únicos en esa playa, estábamos con dos familias más en el mismo campamento por esto mi madre quiso ir lejos. Mientras la esperaba, miré a lo alto del cielo y veo uno de esos “flashes”,  pero tremendo y alertando a mi madre grité que mirara arriba, corrió a mi y ambas nos pusimos a observar aquella gran luz que pulsaba, ahí fue que notamos cómo salían y entraban otras pequeñas luces y otras solo giraban a su alrededor. Corrimos juntas hasta el campamento alertando a los otros para que salieran a mirar. Lo bueno es que todos pudieron verlo, éramos catorce personas entre niños y adultos. Recuerdo que el comentario de uno de los otros padres fue que, cómo se nos ocurría mostrar eso y que sus hijos no estaban preparados para ver esas cosas y que se podían asustar, acto seguido, envió a dormir de inmediato a sus hijos y ellos también se fueron. No sé, pero me pareció que esos padres tenían más miedo que los mismos niños, me sonreí internamente preguntándome si sabrían ellos el par de “angelitos” que tenían por hijos ¡jajaja! ¡supieran! – pensé. Yo estaba feliz de poder ver aquello, y este evento fue un ¡adiós a mi teoría de las estrellas que explotaban!

       Transcurrieron muchos años desde este hecho, pero no por ello dejamos de observar estas cosas. Hasta el evento ocurrido en Pampa Perdiz el cual filmamos y que no relataré aquí, ya que lo hice en mi anterior relato que circula en la Red como antes mencioné. Iré más bien al cómo se dieron las cosas para llegar a conocer a una especial persona, que nos orientó más con un pensamiento científico y de investigación, amigo el cual nos heredó mucho de su conocimiento y experiencia.

       Luego de esa experiencia en Pampa Perdiz, conocimos por medio de un amigo a este especial hombre. Por aquellos días, yo estaba pasando por un mal momento, y ¿qué? me provocó esto, también lo sabía. Era  tristeza y frustración acumulada por años de buscar una verdad en libros y lugares que como resultado, solo había más preguntas sin respuestas pues, todo finalmente eran teorías de esto y aquello, todas teorías que a la larga eran destronadas por otras nuevas y estas por otras más nuevas. Hoy entiendo las palabras del ángel:

 

”Buscáis tan lejos lo que tenéis tan cerca... Buscáis tan cerca lo que tenéis dentro”.

 

Había leído bastante, pero esto ya no me llenaba. Oí de muchas agrupaciones que decían tener la verdad, que los maestros ascendidos, que la gnosis y cuanta tontera que solo sirve para endiosar a un líder y llenar los bolsillos de aquellos que los siguen ingenuamente. Solo conseguí llenarme de más incógnitas que antes. Mi conflicto era de índole espiritual y sufría mucho por ello. Salía todas las noches a mi balcón a mirar el cielo esperando ver y claro que veía. En mi afición por la astronomía pasaba horas, a veces noches enteras observando objetos como constelaciones, nebulosas, nuestra Luna; esto por las noches y de día observaba las manchas solares con prismáticos construyéndome un filtro artesanal para los lentes a partir de viejas radiografías con lo cual podía ver perfectamente las manchitas del sol y esto me alegraba pues, había oído que en la antigüedad la gente de algunas culturas creían que, mientras más manchitas oscuras tenía el Sol era de buen augurio, ya que, vendrían buenos períodos en las siembras y cosechas. Pero, en la actualidad muy pocos le dedicaban tiempo a esta observación, también había oído que otras culturas temían a aquellas manchas... Bueno, como fuera, a mi me encantaba poder ver solo con un prismático este especial y espacial evento. Pero, en tantas horas de observación y también a ojo desnudo ¿qué eran todas esas otras luces y objetos que también veíamos de día?

Participé de talleres de astronomía básica en mi interés y fascinación por el cielo y también buscando respuestas en personas expertas en el tema, “astrofísicos”  de lo cual recuerdo una anécdota muy simpática con un estudiante de astrofísica chileno con el cual salimos a terreno para un taller de astronomía. El lugar elegido fue el sector de la ex oficina salitrera Santa Laura a 47 km. al interior de Iquique. Aquella noche estaba espectacularmente hermoso el cielo y sin luna visible. El astrofísico nos dio una pequeña clase de lo que estábamos viendo en ese período del año y nos contagiaba con su modo ameno de hablar de astronomía, y el encanto de sus relatos de mitología griega plasmados en las estrellas. Terminada su clase, nos quedamos en silencio disfrutando lo que a nuestros ojos se presentaba y asimilando lo aprendido. En eso estábamos, cuando de repente vemos aparecer uno de esos objetos luminosos que parecen emitir “flashazos” de luz y que pueden estar estáticos por algunos minutos o hasta por horas, y vino la inevitable pregunta:

 

¿Sabes qué puede ser eso? ¿Esa luz tan lejana pero tan potente como faro?

 

 Nuestro amigo se quedó unos instantes mudo y pensativo, luego dijo:

 

Mmh... En todos los años que llevo de observación, de estudio y clasificación de objetos, jamás vi algo como eso.. – continuó – Mmh... podría ser un satélite geoestacionario... pero... solo existen cuatro alrededor del planeta en estos momentos... Además que, eso se está moviendo lentamente y destella como un gran faro... ¿Mmh? ¡La verdad es que, no sé cómo o dónde clasificar ese objeto! Es bastante extraño…   

 

Luego nos miró y solo sonrió con cara de sorpresa y de signo de interrogación. Ahora, teniendo este objeto enfrente podíamos contarle que ya muchas veces  los habíamos visto y que incluso en conjuntos de tres o hasta siete. El astrofísico con mucha humildad y honestidad se mantuvo declarándose en total desconocimiento de aquello, pero no sin mostrarse verdaderamente asombrado.

Así concluyó aquella  hermosa noche de observación.

 

En fin, mi espíritu ya no se conformaba solo con leer, recorrer lugares buscando en geoglifos y petroglifos algo que se relacionara con mi búsqueda espiritual, ya no me conformaba con observar en las alturas del cielo estas luces, ahora  quería alcanzarlas. Fueron muchos años para mi, desde que se intensificó esta búsqueda, y quería más, cada vez más, quería algo concreto y cercano. Le oré muchas veces a Dios hasta el amanecer, lloré muchas veces pidiéndole que me hablara y respondiera mis inquietudes. Así fue que, decidí que no buscaría más en libros, ni agrupaciones de ningún tipo. Quería respuestas directas del cielo, de Él, de Dios.

       Así pasaron meses. Seguí sin dejar de mirar el cielo cada noche, casi siempre acompañada por mi hermano menor. Con él, hablábamos mucho de las cosas que veíamos en el cielo e incluso comenzamos un juego que no sabíamos con certeza si daría resultados y que para muchos sería ridículo o algo loco, pero no para nosotros pues, era como un juego igual entretenido, ya que, a veces nos apretábamos el estómago de la risa por las tonteras que se nos ocurrían. Este juego consistía en mandar mensajes mentales a las luces que veíamos y era divertido, pues nos quedábamos horas esperando hasta que estas respuestas llegaron en un principio en señales de luz al techo de la casa, dejándonos perplejos y nos mirábamos solamente con sonrisas de oreja a oreja, con un... ¿Cómo te lo explico? Hasta que, una noche nos encontrábamos con mi hermanito y mi hija viendo TV, cuando oímos sonar la alarma de un reloj despertador, era el reloj que mi hermano mantenía en su dormitorio, lo curioso no era que sonara, lo curioso era que por la tarde, yo misma le había sacado las pilas a ese despertador para ponérselas a mi “personal stereo” y se lo dije a mi hermano mientras el reloj seguía suene que suene, motivo por el cual, él corrió a su pieza y trajo el reloj aun sonando en su mano. Otra vez fue un…  ¿Cómo te lo explico? Nos sonreímos otra vez y salimos los tres a mirar el cielo, y sí, muy en lo alto había uno de esos flashes, así es que nos dimos por respondidos, pues dedujimos que alguna energía estaba cerca. Pero esto no paró allí, pues en noches posteriores oímos más ruidos, estos ruidos provenían de una caja que estaba en el patio de la casa, era una caja de juguetes que llevaban tiempo empolvándose allí. Viejos juguetes de mi hija. Buscamos y hallamos el ruidito, era un patín de mi hija, de esos que tienen luz y música, pero que se activan solo al deslizarse en contacto con el suelo. Ante nuestros ojos asombrados este patín estaba suene que suene también, así es que lo dejamos en un mesón a la vista de todos. También esa noche vimos aquella luz arriba en el cielo, pero tarde, cerca de la una de la mañana. Llamamos a otros familiares que vivían en la casa y todos lo vieron y oyeron. Nos fuimos luego a dormir y el patín no paraba de sonar. Los días siguientes fue lo mismo, y siempre comenzaba a sonar al atardecer o muy tarde en la noche, durante el día no sonaba. Sorprendidos en familia ahora por estos hechos comentábamos que, nos estaba ocurriendo algo parecido a lo de la película “Encuentros Cercanos del tercer tipo” y, harto que bromeamos con eso haciendo cerros con el puré de papas y  esas cosas que salen en esa película jajajaja. Sí que nos divertimos bastante con todo esto y nuestro estado de ánimo armonizaba nuestro ambiente familiar. 

 

...

Con tantas cosas que estaban pasando en el hogar, sentí que necesitaba una explicación como dice  “Condorito” pues ya lo comenzamos a tomar más en serio el asunto. Fue entonces que, supimos que había una persona que era entendida en estos temas, no, no era un “bufónlogo”, ni nada de eso. Por medio de otra persona, él nos había invitado un cierto día de la semana a visitarlo en su lugar de trabajo, pero mis ansias de saber más de qué se trataba todo esto, no me permitieron esperar un día más y sin pensarlo dos veces, partí una tarde a visitarlo al liceo politécnico donde él trabajaba. Entré preguntando por su nombre, y me indicaron dónde se hallaba la clase de estructuras metálicas que él impartía. Me acerqué, ahora más tímidamente al taller y pregunté por él a un  joven alumno, y este me dijo:

 

¡Sí,  si está el “profe” lo llamo ahora mismo!

 

Y el alumno salió volando a buscarlo sin permitirme preguntarle si el tal “profe” estaba desocupado o no. En ese momento sí que me puse nerviosa, pues me sentí imprudente al no respetar que estaba en clases. Cuando lo veo caminar hacia mí, era de estatura pequeña, con rasgos orientales y de escaso pelo cano- ahora que lo recuerdo sí que se parecía en algo a Miyagi (Karate Kid)  jajaja.  Me sonrió y preguntó quién lo buscaba, respondí que necesitaba hablar con él de algo importante. Pero su respuesta me desalentó de inmediato pues, dijo no tener mucho tiempo en ese momento. Sentí pena y me afloraron sin control lágrimas, a lo cual él reaccionó diciendo:

 

¡Mmm! ¿A ver? ¡Me  interesé! ¡Ven pasa a mi oficina!

 

Pude notar ahora un cambio en él, una sonrisa y un cambio en su mirada, un brillito especial en sus ojos. Me sorprendió el que dejara todo botado en su clase de taller mecánico, solo por atenderme y le pedí disculpas por eso, a lo que solo dijo que no me preocupara, que había tiempo para todo. Subimos a su oficina y me ofreció muy amable una silla, y mirándome fijamente con una  sonrisa me dijo:

 

¡Cuéntame¡ ¿Cómo te llamas? Y... ¿Qué es lo que te trae por aquí?

 

No sé pero, sentí confianza en ese pequeño hombre y accedí a contarle algunas cosas, hasta lo de mi gran pena que desencadenó en esa inquietud espiritual. En ese primer encuentro en que iba buscando alguna respuesta, resulté ser la entrevistada jajaja. Pero fue bueno pues, me ayudó a ordenarme.

Así conocí, al hombre que sería en adelante de gran importancia en mi vida, un gran hombre, un gran amigo, un hermano muy querido que estaría junto a mí y a mi familia “preparándonos “ - como solía decirnos - hasta su partida y hoy en mi corazón.

       Hasta ese entonces, no sabía nada de él, solo lo que rumoreaban algunos que lo conocían, “que había tenido experiencias con ovnis”. Otros se referían a él  burlonamente, eran sus colegas del liceo, pero siempre noté que eso a él no le importaba. Es más, siempre que alguien se reía de él y del tema, luego a solas me decía:

 

¡Más adelante veremos quienes eran los locos!

 

Lo decía con una sonrisa pícara, y afloraba ese brillo en sus ojos, el brillo que guarda el misterio de la certeza, el brillo que asoma en los ojos al atesorar un secreto maravilloso. Y eso lo proyectaba con todo su ser en su felicidad de vivir la vida y mostrarme siempre que pudo, una de las expresiones que lo caracterizaban:

 

¡Paola... la vida es tan linda! –  otra vez con ese brillito en la mirada y a lo que yo le respondía:

 

¡Tiene toda  la razón profesor!

 

Con el tiempo, me fui dando cuenta de muchas cosas en él, pues tenía una forma de enseñar especial, lo hacía entregándome chispazos de cosas que sabía que habían ocurrido en el pasado o que pasarían en un futuro, pero nunca, jamás lo percibí alardear por su conocimiento y menos por algún don en él, eso lo cuidaba mucho, muy por el contrario siempre vi humildad en él, como la de quién vive en ignorancia.

       Me habló siempre del cielo, pero no de esa forma santurrona que siempre oí de otros, o de quienes dicen hacer tal o cual ritual para conectarse con el cielo. Él era sencillo, me habló siempre de cosas que estaban por venir para el ser humano, cambios de todo tipo y a todo nivel en la Tierra.  Cuando quise indagar en él de cómo sabía tantas cosas, me decía que eso no era importante. Nos hicimos muy amigos. Recuerdo cómo me relatara de su amistad con un personaje que vivió en el Salar del Huasco, un gran y muy poco comprendido hombre amigo según me decía, lo llamaba  el “filántropo”. Era este un geólogo que, en uno de sus estudios que fuera a realizar en ese lugar decidió quedarse a vivir allí en esa hermosa reserva a los pies de la Cordillera de los Andes. Según me decía, este hombre era muy culto, amante de la naturaleza y que al ver este maravilloso lugar de nuestro país se enamoró de él y decidió vivir allí casi como un anacoreta. Mi amigo Luís (profe), mientras este geólogo estuvo vivo siempre lo visitó, pues me explicaba que era un hombre sabio y que tenía la capacidad de explicar la teoría de la relatividad a nivel de un niño de kinder. Fue en esta ocasión que a  mi amigo Luís se le ocurrió pedirle que les explicara sobre esta teoría a sus alumnos del liceo, a lo que el geólogo accedió con solo una condición, el que aquella clase fuera al aire libre y en su nuevo hogar, el Salar del Huasco. Así que, luego de unos días Luís volvió con el grupo de alumnos de su Taller Científico y llevó también la pizarra solicitada por su amigo. Al estar ya en el salar y luego de los saludos, se sentaron los jóvenes a oír aquella nueva y especial clase. Mientras el geólogo filántropo exponía, era registrada esta especial clase en una cinta de audio. Y, aquí viene lo más interesante, mientras este hombre hablaba, el profesor observaba el hermoso paisaje a su alrededor, la belleza imponente de la Cordillera de los Andes y por sobre estas un gran objeto plateado detenido en el aire a muy poca altura y distancia de ellos. La sorpresa de mi amigo fue grande, estaba atónito, pero decidió no interrumpir ni distraer la atención de los alumnos y esperó que la clase finalizara. Cuando hubo terminado, el profesor dio “chipe libre” a sus alumnos para explorar e investigar el lugar sin darles la menor alarma de nada. Fue entonces que, se acercó al geólogo y privadamente para no alarmara a los chicos le dijo lo que estaba viendo aun, a lo que el geólogo respondió:

 

“Sí... lo sé...  es una nave nodriza y lleva 30 minutos ahí... pero tranquilo, pues solo observan...”

 

Desde aquel entonces, el profesor y el geólogo comenzaron un lazo de amistad que duró años, hasta que el geólogo, por motivos de salud, edad y lo duro que es vivir en sectores de altiplano con la famosa “puna” a más de 3300 msnm, expuesto a temperaturas extremas y sumado a todo esto, la frugal alimentación de que disponía terminaron por debilitar su cuerpo y a causa de un resfrío mal cuidado, sus familiares lo llevaron a Iquique, lugar donde falleció tiempo más tarde.

Por supuesto, claro, ahora recordaba bien al famoso “ermitaño filántropo” que causó tanta curiosidad y revuelo a muchos en este país, al grado de que algunos quisieran hacerle un reportaje en TV, específicamente en el famoso “Sábados Gigantes”, en el cual el mismo “Don Francisco”, en su sección “La cámara viajera” entrevistara en el mismo Salar del Huasco a  don Conrado, para luego invitarlo al canal de TV. Por supuesto que lo había visto, pues también me causó curiosidad en ese entonces, aquel hombre alto, canoso, delgado y de halo misterioso, esa discreción que envuelve la sabiduría y que en varias oportunidades dejara claro en esta entrevista que, ya estaba cansado de que le preguntaran tanto el porqué de su retiro voluntario del “sistema”.  Sí, recordé muy bien este reportaje, cuando el profesor me relatara sobre este geólogo. Lamentablemente para mi cuando conocí al profesor, su amigo ya había partido de este mundo. Pero, sí tuve la satisfacción de poder leer los escritos y estudios que este hombre había dejado en manos de mi amigo, el cual siempre se encargó de que fuesen difundidos en una pequeña columna del diario local de Iquique, escritos que contenían parte de sus estudios sobre la Tierra y los futuros cambios geológicos que se avecinan a ella. En todos estos manuscritos afloraba el filántropo que llevaba dentro.                              

 

 Todo esto que acabo de relatar, fue en el año 1998. Al año siguiente, me tenía que ir de esta ciudad por razones familiares, así es que, partí a Antofagasta. Desde ahí, solo pude tener contacto telefónico con mi amigo y mis padres. Mi estadía en esa ciudad fue triste, pues extrañaba a mi familia, a mi hermano con el que tanto viajamos a la pampa y con quien bromeábamos hasta las lágrimas con que éramos de los “Expedientes Secretos X”, pero a lo “chilensis” jaja, él era “Mox Fólder” y a mi me llamaba agente “Nada Escualy”. Jugábamos cambiándonos los nombres de los personajes de esta serie, que por esos años se comenzaba a transmitir por cable. Cada salida a la pampa o a la pre-cordillera era un nuevo caso para nosotros, el “chupacabras” o los dinosaurios, los enanos verdes y mil leseras que se nos ocurrían, jajaja. Eran pura diversión esos viajes, pero sana y alegre diversión. Y que hoy siento que, por esa armonía y unión que había entre ambos, vimos tantas cosas en el cielo. Pero, también extrañaba las largas conversaciones con mi gran amigo Luís, sin saber que él me percibía perfectamente a la distancia.

       Una noche de marzo o abril (no recuerdo bien) estando en mi hogar de Antofagasta me fui a dormir y antes de quedarme dormida sentí una vibración en mi cuerpo que antes ya había sentido mientras vivía en Iquique. Esto me sobresaltó, pero me dormí al fin. Recuerdo que, desperté en la madrugada con vagos recuerdos de haber visto a mi amigo Luís hablándome en mi propio dormitorio. Pude ver que, estaba parado frente a mi cama y sonreía por mi sorpresa. Me habló, diciendo que el miércoles recibiría una visita y que estuviera tranquila. Luego, pasé de haber estado conciente fuera de mi cuerpo, a soñar otras cosas, pero desperté sobresaltada y muy contenta con el recuerdo claro de haber hablado con mi amigo.  Medité mucho sobre lo visto e intuí algo especial. Días más tarde comprendería el significado.

La madrugada del miércoles de la semana siguiente, estuve en casa solo con mi hija, pues su padre, por razones de trabajo estuvo fuera dos días, cosa que por primera vez en el año ocurría. Esto, ya era curioso para mí, pues “solas se daban las cosas”, frase que solía decir mi amigo. Invité a mi hija a dormir junto a mí pues, igual, a pesar de, esperar esa supuesta “visita”, quería sentirme acompañada. Vimos un rato la TV y ella pronto se durmió. Al rato, miré la hora, eran las 00:30 aprox. Me dispuse a dormir y dejé la TV encendida, pero sin audio. Cerré mis ojos y comencé a sentir esa especial vibración, pero mantuve la calma y me dejé fluir, cuando esa vibración cesó, vino un zumbido agudo en mi oído izquierdo, mantuve la calma pues, esto me había pasado antes unas cuantas veces, pero mi temor siempre fue el pasar más allá del famoso “zumbido” casi eléctrico. Esa noche no sería una cobarde otra vez, no, me dejaría llevar confiando en Dios. Cuando pasé mi propia barrera mental del temor, me sentí fuera, flotando como un globo sobre mi cuerpo de carne, me sentí más amplia, como aire, no tuve tiempo de observar qué era, o cómo era, pues llamó mi total atención algo que estaba frente a mi cama, eran dos seres blancos luminosos como los focos fluorescentes, uno me observaba y el otro estaba de perfil mirando al primero; el que me observaba, de pronto me extiende sus brazos y entendí de inmediato que era una invitación a ir a algún lugar. Mis ojos no podían estar más abiertos en esos instantes y mi reacción inmediata fue volver a mi cuerpo, y al solo hecho de pensarlo, sentí un fuerte tirón desde mi cuerpo físico a mi espíritu. Al ir entrando en mi cuerpo, no quité nunca la vista a esos dos seres, los que en todo momento se mantuvieron en el mismo sitio solo observándome, pude ver entonces cómo, el que estuvo frente a mí, miró a su acompañante y bajó los brazos que me había extendido al ver mi reacción, no oí voces pero, creo que se transmitieron algo mental. Hasta ahí pude ver, pues ya dentro de mi cuerpo físico, esa vista espiritual se me cerró y pasé a ver con mis ojos de la carne, pues los abrí de inmediato para chequear el entorno de la habitación, todo estaba tranquilo y mi hija dormía plácidamente. Repasé las imágenes y creo que, muchas veces pues, no quise perder detalles de lo visto, para luego escribirlo, ejercicio que hasta hoy realizo, ya que, esto me ha ayudado a recordar con mucha claridad todo lo vivido fuera del cuerpo, en lo que creemos “sueño”. Me ha ayudado a mejorar mi memoria onírica además. Analicé mi reacción de lo ocurrido fuera del cuerpo, que fue temor, no, miento, fueron segundos de pánico. Pero ya dentro de mi cuerpo, estuve tranquila. Por momentos, me sentí torpe, pero luego me pregunté:

 

“Pero... ¿Acaso no sería esta una normal reacción humana a lo desconocido?

 

Sí, esto sí que era nuevo para mí. Los días que siguieron traté de comunicarme con mi amigo, pero no pude y pienso que por una parte fue bueno esto porque, tuve tiempo de más asimilación, por otra parte estaban mis ansias de saber el ¿Cómo?, ¿Cuándo?, y ¿Por qué de todo? Necesitaba respuestas directas de mi amigo, pues con lo sucedido pude percibir que él guardaba muchos más grandes secretos interesantes aun. Tiempo después, conté esto por teléfono solo a mi hermano menor, él no lo podía creer, estaba fascinado. Sé que luego se comunicó con mi amigo y éste se lo confirmó y reafirmó, enviándole además un mensaje para mí que decía:

 

“¡Sí! ¡Es así! ¡Que esté tranquila pues, siempre están con ella!”

 

       En vacaciones de invierno, recién pude viajar a Iquique a pasar tiempo con mi familia y además visitar a mi amigo para hablar de las cosas que me interesaban. Hablamos de lo ocurrido y le plantee mi pena y vergüenza por mi reacción, incluso le pedí que si él tenía por alguna razón acceso a hablar con esos seres les dijera que disculparan mi torpe reacción.  Recuerdo que, estábamos en su oficina solos. Me escuchó pacientemente y luego dijo, que “ellos” ya sabían  lo que yo sentía, y que nos entendían perfectamente (como raza humana). Que no lo tomara como un error, que lo debía tomar más bien como cuando nos toman un control en clases. Que esa experiencia me serviría para vencer el temor y estar más preparada en adelante. Y que además, siempre hay nuevas oportunidades, pues el cielo es así. Concluyó mi amigo. 

       Cuando me tocó partir de vuelta a Antofagasta, me sentí muy apenada porque, nuevamente me distanciaba de lo que más me gustaba hacer y que tanto me había ayudado a salir de la pena e incertidumbre. Pero, me esperaba otra sorpresa.

Al ir a despedirme de mi amigo, él percibió mi pena y me dijo que debía estar tranquila, que las cosas cambiarían más adelante para mí, pero que debía ser fuerte. Recuerdo que, me miró y me pidió unos minutos de silencio, yo no entendí al momento pero le hice caso. Él solo cerró los ojos y dijo:

 

“¡Ahá! ¡Sí! ¡Ya! ¡Ya!”

 

Como respondiendo a alguien, pero yo no podía ver a nadie más con nosotros ahí. Acto seguido, me miró sonriendo y preguntó:

 

“¿El bus en que viajas se detendrá en alguna parte luego de salir de Iquique?”

 

...

 Le respondí que sí, que se detenía siempre en la aduana del Loa por la costa. 
 
“¡Ah! ¡Se van por la costa!”
 
 Y como pensando en alta voz oí que dijo: 
 
“¡Podría haber sido por arriba, pero no importa!”   (Se refería a la ruta del interior la 5 norte) Luego me anunció:
 
“Cuando ya estés en el bus nuevamente después de la parada, pon atención hacia tu izquierda, hacia la Cordillera de la Costa... Atenta ok?”
 
“¡Ya! – respondí – pero... ¿Atenta a qué cosa?”
 
“¡Es lo único que puedo decirte!”
 
       Me despedí esa tarde de mi amigo y por la noche partí de la ciudad más animada, pues intuía algo especial o espacial nuevamente. 
       Ya dentro del bus, luego del chequeo de equipaje exigido por la aduana, nos pusimos en marcha. Para mi sorpresa, esta vez mi hija no me exigió el asiento de la ventana y se durmió pronto tranquila. 
 
“¡Mmm! - pensé- ¡Solas se dan las cosas!”
 
 En adelante, me faltaron ojos para mirar con atención hacia la Cordillera de la Costa. No quería que el sueño me venciera pero… no pude más y los párpados me pesaban cediendo al cansancio y al sueño. Ahí recién fue que, me di cuenta que mi atención no debía ser física solamente. Al ir cerrando mis ojos y, algo adormecida sentí esa especial vibración otra vez, pero esta vez me dejé llevar dispuesta a perder el temor. Nuevamente me sentí como aire y floté sobre mi cuerpo ya dormido. Entonces fue que, puse atención hacia los pies de los cerros y… 
 
“¡Síii! ¡Eso era! ¡Ahí estaban otra vez! – pensé - ¡A esto se refería mi amigo!” 
 
Eran ellos, los dos mismos seres luminosos, que resaltaban en su fosforescencia y blancura con el fondo oscuro provocado por los cerros y nubes. Estaban como a unos 300 mts., de la carretera.  Esta vez no tuve temor, no, por supuesto que no. Así fue que, pensé en ir hacia ellos y al instante volé como un ave, fue  pensarlo y hacerlo una sola cosa. Esto fue muy rápido para mi comprensión en ese entonces, solo lo hice. Al estar ya como a dos metros de distancia de ellos, extendí mi brazo derecho para alcanzarlos cuando… (Me vino el más torpe pensamiento) 
 
“¡Ups, el bus se me va!”
 
 Al instante, retrocedí jalada como por la contracción de un elástico y notando con pena como quedaban y se empequeñecían por la distancia mis nuevos amigos. Atravesé por la ventana del bus, sintiendo claras esta vez las partículas del vidrio, sensación que no deja de ser agradable, pues se sienten como hormigueos en tu espíritu. Y, que al respecto no puedo dejar de comentar aquí que es realmente agradable poder percibir las diferentes densidades y frecuencias vibratorias de la materia (vidrio, madera, roca, el mar, etc.) los cuatro elementos son increíblemente distintos en densidad y frecuencia de vibración y que decir del quinto elemento, el éter relacionado estrechamente con el Tiempo y las dimensiones. No hay límites, se puede viajar por la “huincha del tiempo” y por donde te sea permitido.
Sí, fue así entonces que entré en mi cuerpo. Al abrir mis ojos, me quedé quieta por unos instantes repasando lo vivido y pensé en cómo se sonreiría por esto mi amigo cuando se lo contara, o... ¿quizás ya lo sabía?
       Tiempo después de esto, a fines de ese mismo año regresé a Iquique y fue un alivio para mi y mi pequeña. Regresé a lo que amaba y a los que amaba. Así fue que comencé a tener experiencias fuera de mi cuerpo físico, pero solo percibía la salida y el regreso a este, siempre le compartí estas cosas a mi padre, él me oía con paciencia pero luego me decía: 
 
“¡Hija! ¿No será que has leído mucho a Lobsang Rampa y estás creyendo que esto te ocurre a ti también?”
 
      “¡No papá, lo que te digo es cierto, lo viví y lo sentí tan real como estamos conversando ahora tú y yo!”
 
Él me sonreía paternal, pero siempre me escuchaba.
       
Más tarde en el tiempo, como mantenía contacto con mi amigo, cada vez que había un programa interesante, ya fuera científico o de cosas del cielo, él me avisaba. Una noche me llama por teléfono y me dice que esté atenta a la transmisión del “Jubiléo” del año 2000 por TV, que allí se darían importantes señales para todos los que sepan oír. Recuerdo que, al día siguiente encendí la TV mientras hacía los quehaceres del hogar. Oí, como el Papa Juan Pablo Segundo hablaba y decía que en este año 2000 se celebraba el regreso de Jesucristo a la Tierra, en ese instante me detuve pues, los pelos se me erizaron, y observé en la pantalla la gran cantidad de jóvenes, cosa que no dejó de llamarme la atención, tantos jóvenes reunidos en el Vaticano y todos gritando al unísono: 
 
“¡JE-SU-CRIS-TO!” 
 
Para mí fue sobrecogedor todo esto, ver tanta juventud en busca de Él y más el haber encendido justo en ese instante la TV-¿le a pasado llegar en el momento justo al instante justo?  Luego, fue más mi asombro al ver cómo una joven corre y salta dos barreras de la guardia del Vaticano, llega y se arrodilla frente al Papa preguntándole:
 
 “¿Dónde está ÉL?” (Por nuestro Señor Jesucristo) 
 
El Papa, perplejo y sonriendo tiernamente le pregunta que de dónde viene ella, la jovencita le muestra con una bandera chilena que le deposita en las piernas, el país de donde proviene. El Papa emocionado y con lágrimas en los ojos le sonríe.
        Yo tenía el doble de erizados los pelos.
 
“¿Qué es esto? ¿Qué hay aquí? ¿Y qué más sabe de todo esto mi amigo? ¿Cómo lo sabe? - pensé. Ese día estuve pensando todo el día en aquello, qué más sabía mi amigo, cómo sabía él lo que pasaría allá.
 
“¡Importantes señales de los tiempos!” – recordaba las palabras de mi amigo – pero, ¿Cómo lo supo él? – me preguntaba. 
 
Más tarde, oí la entrevista hecha a la joven por TV, le preguntaron que cómo era posible que ella hubiese saltado las barreras de guardias y logrado llegar al Papa, que si acaso lo había planeado, pero la chica aun emocionada dijo que no, que ella solo había sentido una fuerza que la impulsó a hacerlo, que ni siquiera se había dado cuenta de cómo alguien le había pasado la bandera de su país, y que solo corrió y llegó. Bueno, más tarde como es común en este país, fue el tema por varias semanas en los medios de comunicación, le llamaron: “El Gabrielazo”                                   
       Al día siguiente, partí a ver a mi amigo, para conversar sobre el tema. Él estaba sonriendo ya, antes que yo entrara a su oficina, y me dijo:
 
 ¡Tú te anuncias antes de llegar jajaja!
 
 Yo no comprendí su comentario en ese momento. Pero conversamos harto, me preguntó que qué había percibido y sentido de lo visto y qué pensaba. Le respondí no tener mucha claridad en eso, pero que sentía alegría en mi corazón, como cuando recibes una gran buena noticia. Luego de oírme pacientemente suspiró y dijo:
 
¡Vienen grandes cosas para este tiempo! 
 
Lo miré pensativa y le pregunté:
     
    “Pero... ¿Qué tiene que ver Chile con eso?”
 
Se puso serio y con ese brillito conocido en los ojos dijo:
 
“¡No solo es Chile... es toda esta parte del continente!” 
 
“Pero... ¿Qué pasa aquí entonces? ¿Aquí? ¿En este lugar hay acaso algo especial? A veces... pienso que acá hay muchos espíritus antiguos encarnados – pregunté, sintiendo algo de vacilación en la forma de plantear esta última pregunta.
Lo cual él percibió y sonriendo dijo: 
 
“¡No estás equivocada! Es así... Hay en toda esta zona muchos seres que ya han vivido muchas existencias. Y... viene el tiempo en que el “Rebaño de Dios” se reunirá en un lugar especial. Existen también, los pastores de este rebaño, los cuales, reunirán a las ovejas. El conocimiento espiritual se expandirá por la Tierra. También... existe en América una abertura especial y espacial. Por esta abertura estamos recibiendo Energías Especiales del cosmos que nos hacen muy bien... Las debemos aprovechar meditando con tus palmas al cielo y no temas lo que irás experimentando, pues nunca estamos solos. No dejes de mirar al cielo... Somos “Hijos de las estrellas” y no somos los únicos... hay muchísimos -sonrió otra vez con aquel brillo en los ojos- Más adelante comprenderás lo que te estoy diciendo, quizá yo ya no esté aquí para el tiempo en que comiencen a ocurrir grandes cosas, pero no te quedes solo con lo que yo te digo, debes investigar por ti misma, debes buscar en ti misma, quien busca encuentra. ”No hay nada nuevo bajo el Sol” Pero... y... ¿más allá de esta estrella que llamamos Sol? -sonrió- Sí... quizás ahí sí comience lo nuevo para el conocimiento del hombre. Más tarde  veremos quienes eran los verdaderos locos, si nosotros por hablar sin temor de estas verdades universales o los que se burlaron y no quisieron oír. Tal como en los tiempos de Noé, así será. 
Yo te he mencionado cosas de la Biblia y nunca la he leído... ¿Cómo crees que sé entonces las cosas que ahí están escritas? También, te he dicho que busques en ella respuestas, pues las encontrarás. 
 
       Sentí que sus palabras eran sensatas y yo quería saber más y más cada vez, pues no lo entendía del todo, solo sentía que quería él transmitirme algo muy grande, pero que no le era permitido contar todo de una sola vez, sino, poco a poco según la capacidad de asimilación del “alumno”. Por supuesto, de eso me pude dar cuenta claramente, ya que, cuando comenzaba a contarme cosas más allá de la cuenta o más allá de mi entendimiento, de pronto guardaba silencio  con un pequeño llamado de atención que “recibía”, se sonreía por un instante y me decía: 
 
“¡Ups... sí  ok... ya... no puedo seguir hablando!”  
 
Como respondiéndole a alguien que obviamente yo no podía ver.
Así, comencé a meditar sobre este tema de mi tierra, mi país, que curiosamente se encontraba divido en 12 regiones y una metropolitana. Algo había en esto. ¿Otra sutil señal?  Como solía decirme él. La Biblia, sí, allí podría encontrar más como él me decía. Los apóstoles y Jesucristo –pensé- ¿Pero cuál era la relación con la tierra en que vivo?
 Sí... comenzaron a llegar respuestas. Chile tenía 12 regiones y una Metropolitana, curiosamente los apóstoles eran 12 y con Jesucristo como cabeza hacían trece... Mmm... Sí, algo había aquí”  
 
Muchos dirán: ¡Sí, claro, pero hoy ya no son 12 regiones en el país! De acuerdo, bien, pero hoy también sé de fuente muy fidedigna que no eran solo 12 los apóstoles que acompañaban a Cristo, y que tampoco eran solo hombres, sí, pues habían varias mujeres y que hoy de igual forma calzan con el número actual de nuestras franjas de tierra divididas en regiones. Y, ya que estoy en el tema, hallo interesante de destacar la forma que tiene nuestro país, es el único país del planeta que tiene esta curiosa distribución, una larga franja de tierra, muy parecida a la forma de una larga espada curvada en su extremo sur. Dato curioso e interesante ¿no? Y seguiré más en el tema aun, ya que, hallo que es igualmente interesante el transcribir a continuación un extracto de un escrito de nuestro amigo Claudio al respecto de este tema: 
 
“¡Todo lo que vemos debemos saber como!”
 
Autor: Claudio Pastén Toro
 
Cada creación tiene su propia energía, aunque veamos que todo parece estático, de alguna forma se desplaza desde su propio eje central y tiende a ubicarse en otro punto, ese es el que llamamos nuestro “polo opuesto”.       
Como definición de energía debemos comprender ciertos principios para comprender la labor que debemos para con Dios en diferentes ámbitos.
El creer no es solamente asistir a una iglesia a llorar miles de plegarias para una solución a diversos “dramas” como les llamamos, la solución siempre está en la energía que desenvuelve lo confuso dentro de nuestra mente, ahí mismo está y jamás le buscamos concientemente, dejamos que el tiempo se encargue de esto, bueno al supuesto “tiempo” jajaja...
La verdad jamás está en quien dice tenerla, ella está en el polo opuesto de lo que esa misma persona presenta, jamás una persona humilde levanta la mano para destacar su humildad, el que lo hace ya no es humilde ¿verdad?
El ser humano siempre se ha esmerado en buscar muy lejos lo que ya tiene en sus manos o quizás bajo sus pies sabes, La Tierra, como planeta, tiene también su polo opuesto y se deja mostrar a través de diversos cambios geográficos que conocemos como terremotos, erupciones volcánicas, maremotos, huracanes, etc... Fenómenos que no tenemos controlados- imagina- el ser humano por muchos logros que la ciencia haya encontrado supuestamente, no controla a la naturaleza... Ni siquiera controla su propia lengua y es tan pequeña.
Geográficamente tenemos conceptuado al planeta como el único que presenta vida, pero no es así, solamente los tontos se niegan a tal posibilidad, de hecho ya hay cálculos que demuestran lo contrario, y lo dice la misma ciencia.
Además, es la misma ciencia la que tiene los fraudes más grandes de la historia, tema que no voy a detallar, pues no tengo años para eso, solamente puedo decir que nuestro planeta no es tan grande como algunos le ven, sino que es un simple punto celeste flotando en la nada, pero viven millones en este, de esa cantidad de millones ¿sabrá alguno lo que se viene al mismo planeta en que viven?
 
...
Pienso que no todos los conceptos son aceptados por las mentes de este sistema de aprendizaje, me refiero al “planeta escuela” que llamamos Tierra. Entonces, tenemos que nuestro planeta también piensa, pues todo cuanto produce energía en cierta medida produce razonamiento, lo que pasa es que nos negamos a esta idea ahora; el norte geográfico no está ubicado directamente con el polo magnético, tiene cierto desfase en sus distancias, así, la Tierra tiende a ubicarse dentro del sistema en cierta posición para eventos que cósmicamente se avecinan, y no quiero ser místico o ritualista en mencionar estas cosas, lo que pasa es que los “ grandes poderes” en el planeta no informan a ciertas personas de los eventos que se vienen, simplemente porque se dan el lujo de decir que “no están preparados”, o sea, que dentro de la rama humana ¿ellos sí lo están?
Muchos tienen ojos pero nada ven, tienen oídos pero nada escuchan, son conceptos diferentes, el eje de la Tierra se desplaza cierta cantidad de grados dentro de nuestro sistema, y basado en este cambio, el planeta atrae sobre sí mismo grandes cambios que afectarán al planeta completo, ya vez como el calentamiento global ya ha demostrado su realidad, pero era un tema bastante de locos cuando se comenzó a informar, ya vez como el aura existe, comprobado con cierta cantidad de fotografías de ciertos espectros termográficos por la misma ciencia que en la antigüedad se burlaba. Nada se ha inventado todo se ha descubierto.
La columna vertebral está orientada directamente e interfiere  en nuestro cuerpo de diferentes maneras, nuestro corazón se orienta también a partir del mismo principio. Los 19,5° y los 21,3° serán destacados dentro de algunos años, muchos de los que han rechazado soberbiamente todo esto verán de su propio polo opuesto el resultado, solamente es la cosecha de su propia siembra.
Cumplo con decir también que, los textos originales de una gran verdad dejada en este planeta desde hace mucho tiempo por los creadores de todo, ha sido tergiversada y manipulada a conveniencia del poder que se hace ver hoy en día, el control de las masas debe ser codificado para poder lograr un control general, solo te pido que no te dejes llevar por esto ¿Ok? 
Entre Iquique y Antofagasta hay una atracción magnética muy especial, de hacho ya has visto como la NASA tiene interés en visitar estos lugares con sus instalaciones, obviamente que es en “pro ayuda de la ciencia...” ¡Mmm! Así será... jajaja
El cordón que une internamente las placas terrestres, ese que no es sólido, si no que, por lo contrario, sigue en movimiento magnético debido a la carga del planeta, se orienta cada vez más hacia las estrellas.. Chile es un país sísmico por ende produce una cantidad de energía inmensa tras cada evento de este tipo, los avistamientos de la zona norte son la prueba de la carga que existe, mira, es largo de explicar pero cuando el oxígeno se ioniza, se carga de electricidad u otra forma de esta, produce en sí mismo vibraciones de diferentes frecuencias, por lo que veremos “nuevas realidades” al ser cargado el planeta en la catástrofe que muchos esperan como “Armagedón”
Chile –si tienes la paciencia de leer la Biblia, este librito que se desprecia por muchos, pero que en cierta forma aun esconde la verdad, oculta en el Deuteronomio, capítulo 8 las características de la tierra que no afectará este evento mundial...
 
“La tierra prometida tendrá manantiales de aguas cristalinas, montes y vegas (o sea cordilleras)- dice además “que no habrá pan con escasez” – por lo que serán tierras fértiles, árboles de todo tipo cuando menciona higueras, granados, olivos, vides, etc.. No les menciona porque son bonitos, lo hace porque estos árboles crecen en los climas que todos conocemos y Chile tiene estas características, tiene todas estas condiciones.
Por otro lado, el principio de una pila, como energía, es el cobre y hierro.. ¿Alguna vez viste un limón con una placa pequeña de zinc y otra de cobre insertadas en él? Bueno, la reacción de ambos elementos en el ácido del limón, produce energía eléctrica. El libro bíblico habla de ello y dice:
 “...de esta tierra sacarás hierro de sus faldas y cobre de sus montañas” 
Satelitalmente son la Cordillera de la Costa y la Cordillera de los Andes...
Bueno... ¡Ojos para ver!
¿Quién no recibió del colegio que Chile limita en sus extremos con Perú al norte, al este la cordillera y Argentina, el Océano Pacífico al oeste  y al sur la Antártica?
Debemos corregir algo hoy, al sur limitamos con el Sr. Tompkins mm..
Intereses con nuestro querido Chilito, ¿qué extraño verdad?
Los intereses van también por el lado argentino, que pena haber sido derrocados económicamente para obtener la Patagonia en parte de una deuda externa. Bueno, el juego partió extrañamente desde Chile, parece una pelota de fútbol nuestra preciosa Patagonia, o debo decir, la reserva de agua dulce que no será afectada por la guerra, o el holocausto mundial. El agua dulce será el “petroleo” del futuro, ya sabes cual es la que será devastada, las reservas de hielo que están por el lado del Everest, alrededor del cual se han fundado grandes civilizaciones, el punto más alto del mundo, supuestamente si perforas el eje central de la Tierra por el lado de este monte al otro lado sales a las tierras del Elqui, en Chile; ahora, el nuevo mundo viene a las faldas del segundo punto al cual se orienta el eje terrestre, el Aconcagua, alguna vez que nos toque a nosotros ¿verdad?
Somos un país de energía, geográficamente hablando y cuando veas en un futuro en este tiempo que la tierra ha sido bombardeada de radiaciones desde los mismos satélites para sus radiografías para lograr encontrar sus riquezas verás como las enfermedades afectarán a todos aquellos que cuenten con diversos avances como los famosos “códigos personales” (chip), el sistema económico y el sistema médico serán una necesidad pero quien no obtenga dichos avances se verá desvalido, pero eso es un tema que trataré en otra 
 
Fin trascripción.
 
      
En los días posteriores a esta conversación medité mucho sobre todo esto y “jugando” tal como mi amigo me indicara, extendía mis palmas al cielo y oraba o meditaba y claro que sentí cosas en mis manos y luego en mi ser, eran como cosquillas muy agradables. También, seguía percibiendo las entradas y salidas de mi cuerpo, pero me cabeceaba tratando de saber dónde había ido. Varias veces le pregunté a mi amigo si él sabría algo de mis salidas a lo que siempre respondió:
 
¡Sé que percibes aquello, pero no importa si no lo recuerdas aun, pues ya está archivado en una carpeta de tu mente, y en el momento que necesites utilizarlo el archivo se abrirá! 
 
Recuerdo que me encantaba esto pues, siempre me explicaba estas cosas utilizando como ejemplo “el computador”, así me era más fácil comprender, además, sumado a esto su vocación como profesor que realizaba con tanto amor y esto no solo conmigo, sino que con sus alumnos del liceo, los de su taller científico y con los pequeños y jóvenes del grupo scout el cual formamos por  ese mismo entonces. 
 Siempre me decía sonriendo con picardía:
 
¡Si te hicieras una regresión hipnótica te llevarías una gran sorpresa!
 
 Lo decía, refiriéndose a la posibilidad de que llegase a enterarme dónde iba en esos “viajes” fuera del cuerpo. Bueno, han pasado muchos años desde esas conversaciones con mi amigo y lo aprendido es maravilloso. Sé que hoy ya no me pondría en manos de un himnoterapeuta y no por menospreciar el trabajo que estos realizan, sino, porque es también posible realizar nuestras propias regresiones a vidas pasadas y “futuras”, sí, por qué no decirlo, futuras. Pero, siempre será permitido y guiado desde el cielo y no por mera curiosidad de saber quienes fuimos, eso ya no nos servirá en el “ahora”, no, más bien nos servirá saber qué aprendimos en aquel tiempo para aplicarlo a este presente, y mejorar algún aspecto de nuestras vidas o para vencer algún antiguo y oculto trauma, o quizá para no volver a cometer los mismos antiguos errores. En esos casos especiales son permitidas las visitas a nuestros “Registros Akásicos”. Hoy, ya hay importantes doctores que mencionan sobre este tema en sus libros como por ejemplo: Brian Weiss (“Muchas vidas muchos maestros”, “Meditación”, “Lazos de Amor” etc.) o el tan cuestionado tibetano- canadiense Lama médico Lobsang Rampa, sus libros son interesantísimos. La misma Biblia  nos habla de viajes fuera del cuerpo en 2 Corintios, 12: 1 al 4. Este texto es profundamente interesante, pues está todo escrito en él, posee hasta el famoso “Código Secreto de la Biblia.” Es de mucho provecho leer sus textos pues despertamos codones genéticos, los codones que mencionan los Mayas en sus profecías, codones que están dormidos en nosotros. Solo debemos proponernos aprender y despertar estas cosas y lo lograremos. Pero, también debemos tener presente que se pueden lograr muchos dones o virtudes, pero si no hay amor, todo será vano.                      
       
 
Una mañana de aquel tiempo en compañía de mi amigo, estuve muy inquieta, por querer entender más las cosas que él me estaba tratando de hacer entender y se lo planteé. Él me observó sonriendo y dijo:
 
¡Eres una alumna muy ansiosa eh?
 
Luego se puso serio y me pidió silencio. Nuevamente percibí que alguien le hablaba, pero no había nadie más que él y yo en el lugar. Guardé silencio y esperé, hasta que él dijo:
 
“¡Aha... sí... sí... está bien!”
 
Acto seguido, me miró y dijo:
 
“¡Me dicen que leas el libro que no has querido leer!”
 
“¡¡Pero...cómo saben...!! – pensé – ¡¡la Biblia..!!” -    ¡Ehehey!... solo yo, íntimamente sabía sobre esto… en esos tiempos siempre que la abría para leerla creía entender cosas que no me gustaban y eso me ocurría desde que tuve 9 años, sobre todo al leer Apocalipsis en que menciona a la Gran Ramera... yo sabía a esa edad a qué se refería y como me habían bautizado en esa religión sin preguntarme primero, bueno, no era para menos. 
    
Y siguió:
 
¡Hazte una introspección... Repasa los libros de Lobsang Rampa... Alguien que tú no conoces aun y en un lugar que tú no conoces te mostrará más... Y... escribe... todo esto te ayudará a entender! 
 
Todo esto me provocó llorar de emoción, pues percibí que desde hace mucho, había sido observada y oída por los cielos y hasta en mi más recóndito sentir. Mi amigo emocionado me abrazó y dijo:
 
“¡Tranquila... las cosas cambiarán para ti... recuerda...el verdadero rebaño de Dios se va a reunir pronto... pero quiero que sepas también que a mi me queda poco tiempo aquí en la Tierra, quizá me vaya en “un sueño” pues sabes que tengo lo que algunos llaman, porque no comprenden más allá, la famosa “muerte súbita”. O, quien sabe,  quizá me pierda en uno de mis tantos viajes a los pueblitos del interior y me den por desaparecido- sonría feliz al decir aquello y otra vez el brillo que guarda el misterio-  lo cierto es que no estaré para cuando todo lo que te he dicho ocurra... pero estoy feliz de lo maravillosas que son las cosas del cielo!”  
 
       En adelante, junto a mi hermano menor recordamos sueños que habíamos tenido en común. Sueños en que nos elevábamos en naves con más personas, naves que por dentro eran de un blanco fluorescente. Algo nos estaba ocurriendo, pensamos que era por la afinidad que desde niños tuvimos, claro –pensé- si siempre me sentí como su mamá, hasta dormía con él cuando tenía miedo desde pequeño. Comencé a recordar también, cómo una noche dentro de aquel período de mi búsqueda y clamor al cielo, salí de mi cuerpo y pude ver a mi abuelo, casi 20 años después de su muerte, lo vi pero no como un humano, era muy luminoso, tanto que no le podía ver su rostro, solo sé que en ese instante era como los ángeles, pero percibía fuertemente la esencia de mi abuelo materno, el mismo que nos relataba sobre aquel viaje al lugar de las calles de oro. Recordé, que al verlo fui a buscar a mi hermano a su dormitorio, cosa que hice flotando y atravesando la puerta notando como un hormigueo al atravesar la puerta y, esto ocurrió al solo pensarlo, pero el asombro me hizo entrar en el cuerpo y al ir entrando pude ver como se alejaba flotando mi abuelo, hasta que no pude ver más porque ya estuve completamente alineada en mi cuerpo físico. Así es, iban aflorando los reacuerdos, tal como indicara mi amigo. Y, fuimos atando cabos con mi hermano. Lo mejor estaba por venir.
 
       Nuestro amigo siempre nos habló de lugares al interior de nuestra ciudad, lugares en que existían campos de muy fuerte magnetismo terrestre. Nos explicaba que por esta razón no era de extrañar que se vieran naves espaciales o luces de día o de noche por estos lugares, pero no preguntamos nunca qué relación había entre ambos. También, nos explicaba que bajo la tierra y en varios puntos del planeta existen grandes ciudades habitadas. Es así que, en uno de mis viajes de estudio de turismo, en una salida a terreno nos llevaron a un lugar de las quebradas del interior de mi región. Como tenía permitido llevar a un acompañante invité sin duda a mi hermano menor. Un día antes del viaje se lo comenté a mi amigo Luís, él se puso muy contento y nuevamente con ese brillo en los ojos me dijo:
 
“¡Pero que bien... mira anda y recorre el sector de los petroglifos es interesantísimo y observa los dibujos, pues hallarás algunos que son muy sugerentes, como por ejemplo el que pareciera ser astronómico pues se parece mucho a nuestro sistema planetario... ¡Uy! Que estoy contento” -       realmente no podía ocultar su alegría, primera vez en mi vida que yo veía que alguien se ponía verdaderamente feliz por la aventura de otro, y así me siguió diciendo – busca además por ese mismo sector el dibujo de un ser humano que está con los brazos extendidos al cielo suspendido dentro de algo en forma de embudo... Mira te voy a dibujar  la ruta para llegar allí -   mientras dibujaba me agregó – Vayan y disfruten del viaje, de la belleza del lugar y quizá noten alguna señal, algo que les indique algo especial, observen con atención los cambios energéticos tanto del lugar como de sus carcasas corporales... pero ¡ojo! no vayan con la intención de traer pruebas, no sean “caza ovnis” pues no verán nada con ese pensar. Más bien disfruten de la naturaleza y quien sabe reciban alguna señal especial y espacial- se sonrió con picardía y nos despedimos.
 
“¿Pero si nos quiere acompañar algún curioso del grupo?¿Qué hacemos ahí?”
     
“No te preocupes por eso, existe lo que se llama “selección natural” estarán los que deban estar. Solas se darán las cosas... Recuerda.”
 
Al día siguiente, partimos a nuestra nueva aventura junto a mi hermano. Llegamos a aquella hermosa localidad y luego de armar campamento realizamos un reconocimiento de terreno con el grupo llegando al sector de petroglifos, fue fantástico comprobar lo que mi amigo me anunciara, realmente eran dibujos muy sugerentes y varios los fotografiaron. 

 

...
Estuvimos en el sitio hasta alrededor de las 18 horas luego bajamos al pueblo para abrigarnos pues en estos pueblos pre-cordilleranos las temperaturas bajan hasta más de 15° o más bajo cero. Pero, ya habíamos planeado volver por la noche con mi hermano, y solos, sin curiosos, y así lo hicimos. Caminamos haciendo el mismo recorrido que habíamos hecho por la tarde, pero esta vez disfrutando del profundo azul del cielo y sus incontables puntitos luminosos, las bellas estrellas. Caminamos largo rato en silencio, solo disfrutando, cuando ya nos habíamos alejado de la zona poblada y envueltos solo por la oscuridad de la noche, notamos en el senderito hacia un lugar en donde habían rocas planas pulidas por la erosión del agua, que habían dos pequeñas esfera luminosa blancas fluorescentes del tamaño de una pelota de tenis o quizá un poco más grandes, estaban ahí, inmóviles y nosotros sin quitarles la vista de encima seguimos avanzando, pues estas estaban a unos 20 metros de distancia delante de nosotros, estaban justo en el lugar donde se hacía una curva para comenzar a subir siguiendo el sendero de tierra. Nos miramos con mi hermano y comprendimos en nuestro intercambio de mirada que no eran nada conocido, luego le dije:
  
¿A ver? ¡Alúmbralas!          
 
Él alumbró hacia el lugar, que ya estaba solo a unos metros de nosotros, pero al hacerlo comprobamos que luz con luz se perdían, lo hizo varias veces y siempre el mismo resultado, las luces se mantenían ahí, a ras de suelo. Entonces mi hermano me dijo:
 
“Sigamos no más”              
      
Sí, seguimos en silencio, pasamos las luces y varias veces al ir subiendo por el sendero les echamos un vistazo hacia atrás y siempre estuvieron allí. En algún momento mi hermano me alentó y recomendó que no me asustara. Cuando llegamos a la segunda cuesta del sendero y ya más en altura, las habíamos perdido de vista. En este punto decidimos descansar, pues es ese un sector de mucha “puna”, el aire se enrarece y se hace difícil respirar. Nos sentamos y miramos hacia el pueblo que estaba lejos de ese lugar, por lo que no nos llegaba nada de luz. Fue en ese instante en que vimos una luz salmón amarillenta rasgar el cielo muy alto por sobre el resplandor de una minera cercana. Nuevamente nos miramos con cara de… ¿cómo te los explico? pero esta vez él me dijo:
 
“Otra señal y van tres...”
          
 Claro, tenía razón, debíamos contar el que solas se daban las cosas para estar en el instante justo y solos, pues varios nos habían querido acompañar, pero por alguna razón no habían podido. Había funcionado la “selección natural” y recordábamos las palabras del Profesor, “estarán los que deban estar”
Estábamos sentados y en silencio cuando comenzamos a sentir un cambio notable de temperatura, el aire se tornó cálido, muy agradable y nos envolvían suaves brisas como jugando con nuestros cuerpos, era realmente agradable aquello, ya no hacía frío, después de haber estado a unos 5°  más o menos en el pueblo y parte del trayecto, este cambio era realmente notable, así es que, decidimos sacarnos algo de la ropa de abrigo que llevábamos y seguimos subiendo cerro arriba. Al pasar junto a una pequeña vertiente de agua termal, supimos que ya nos faltaba poco para llegar al sector de los petroglifos, que era bordeando un cerro considerado sagrado para los aymará, un cerro Mallku. Al ir llegando a este cerro fue que oímos unos extraños ruidos, le pregunté a mi hermano:
 
¿Oíste eso?  - se lo dije muy sorprendida y con un nudo en la garganta.
 
¡Sí! Lo vengo oyendo desde hace unos minutos atrás! Pero... ¡No te lo dije para que no te asustaras!” – respondió tranquilo.
 
Pero, yo ya estaba asustada, esto no era nada normal ni conocido para ambos, es decir, cómo podían sonar las piedras solas sin intervención humana, cómo podían desplazarse planchones de piedra uno sobre otro sin nadie que los tocara. No, eso era muy extraño, le dije muy asustada a mi hermano que alumbrara hacia donde se oyera otra vez este fuerte ruido, y eso comenzó a hacer, en todas direcciones y cada 2 a 3 minutos. No, no, no... ¡yo me voy!  y se lo dije a él:
 
¡¿Sabes que?! ¡Yo me voy! ¡No sé qué pasa aquí! Y...¡¡NO ME SIENTO PREPARADA PARA AVERIGUARLO... CHAO... CHAO... CHAO!!             
 
Mi hermano me dice:
 
  ¡¡Pero... Paola!! ¡Espera! ¡No te vayas! ¡¿Cuánto tiempo que estamos buscando esto pues?!   - me dijo animándome y algo en tono de queja también.     
 
¡Sigue tú si quieres! ¡No te devuelvas por mí... pues yo me voy! ¡Anda sigue! 
 
¡Puchas’ Paola... sigamos! 
 
Me mantuve en mi decisión y comencé a bajar camino al pueblo, escuchando sus palabras llamándome y animándome a seguir, a la vez que esas piedras comenzaban a sonar cada vez más fuerte y cercanas. 
 
¡¡¿Cómo no le hice caso? ¿Cómo fui tan tontorrona?!!   Sí, tontorrona es lo más suave con que puedo regañarme jajaja.
 
Pero bueno, seguí camino al pueblo y mi hermanito me siguió, a pesar que le dijera que siguiera solo, no lo hizo, porque se preocupó por acompañarme, claro, yo iba muy sobresaltada y podía hasta haber tropezado en mi regreso que fue a grandes zancadas. Al llegar al pueblo, solo quería encontrar a alguien que me explicara qué era lo que pasaba allá en esos cerros y logré encontrar a un joven aymará que para mi sorpresa era un “Yatiri”, esto es un tipo de chamán, un brujo blanco, un iniciado o guía de estos pueblos. Y, sin preámbulos le pregunté:
 
¡Tú que eres de acá! ¿Me podrías decir qué es lo que ocurre allá en, el cerros ese?  - mi tono era realmente de casi desesperación por tener una respuesta clara. Me miró muy sereno y  profundamente, se sonrió y me dijo:
 
¡Oíste las piedras! – aseguró y siguió sonriendo con un halo de timidez y misterio.
 
¡Sí... las oímos! Pero... por favor... dinos... ¿Qué hay ahí! – le dije casi a punto de estallar de ansiedad.
 
¿De dónde son? – preguntó pensativo.
 
¡Somos de Iquique! ¿Por qué?  - me causó sorpresa su pregunta.
 
¡Es que... fueron bienvenidos al lugar! ¿Por qué no siguieron? Ese lugar es sagrado para nosotros... 
 
Entonces... ¿Pasa algo especial allí? – estaba realmente impaciente por saber.
 
En adelante, nos relató en privado, que a él también le había pasado lo mismo en ese lugar, y otras cosas más, pero que no debíamos temer pues era un lugar, que según su cosmovisión correspondía a lo que nosotros conocemos como un “portal dimensional” y que siempre se veían esferas luminosas, naves espaciales de los que llamó “hermanos del cielo” entrar y salir en este y otros lugares, pero que ellos (los aymará) no se cuestionaban nada, solo respetaban y observaban silenciosos. 
Todo este relato de nuestro nuevo amigo nos tranquilizó bastante sobre todo a mi.
 
Al regresar a la ciudad, al día siguiente fui a hablar con mi amigo. Al entrar a su oficina, él ya me esperaba.  Me miró sonriente y saludó, luego me dijo:              
 
¡Cuéntame! ¿Cómo les fue? – lo noté contento.
 
Bueno, le relaté paso a paso todo lo anterior y me oyó con mucha atención, dejándome notar sin querer cada cierto rato una natural emoción en él. Cuando terminé él me dijo: 
 
¡Bueno... Ahora te contaré por mi parte lo que se vio! - se sonrió por mi mirada de asombro y siguió-   Cuando subieron por la tarde las treinta personas, se sabía que dos regresarían por la noche.
 
¿Qué? ¿Quiénes sabían? ¿Cómo? – lo interrumpí más sorprendida aun. Pero me pidió guardara silencio y lo dejara hablar.
 
¡Si ustedes hubiesen caminado solo un metro más... Un metro más... se habrían encontrado con que los estaban esperando y les habrían dado la bienvenida... El recibimiento habría sido por seres especiales y espaciales que levitaban a diez centímetros del suelo... y tú y tu hermano al entrar en ese nuevo campo energético se habrían percibido con otros sentidos... los reales... sí... y  habrían podido comunicarse sin abrir los labios todos sus pensamientos... y podrían haberse visto sus campos envolventes... sus colores de aura... – le brillaron tanto los ojitos de alegría que solo me quedó decirle:  
 
¡Puuucha’ Profe yo la embarré... cómo pude ser tan tontorrona... por mi... ahora nos perdimos la oportunidad de la vida!  - realmente lo lamentaba.
 
¡No... No te lamentes... no te lamentes... pues de esto debes más bien aprender y ya no volver a actuar terrenalmente... No te lamentes... pues ellos nos conocen y saben lo que nos pasa... y ten presente que siempre habrá una nueva oportunidad... Ahora, ya sabes qué trabajar en ti... Rescata lo bueno de las cosas siempre y no te quedes pegada en el error lamentándolo!
 
Él tenía toda la razón, claro, cómo nos conoceremos nosotros mismos si no vivimos ciertas experiencias. 
Qué pasó más adelante en el tiempo con la búsqueda de este lugar, bueno no concluyó ahí, pero más adelante relataré sobre ello. 
                  
 
 Pasaron los meses y un día del año 2000 (No recuerdo bien el mes) mi amigo me llama nuevamente por teléfono y me dice que en un canal de presentarán un programa en que hablarán de los “ovnis”, que lo vea, que será interesante y que me llevaré varias sorpresas, pues se mostrarán cosas sobre las verdades universales como él solía decir. Luego de hablar con mi amigo, al colgar el teléfono pensé – Pero... ¿Cómo sabe qué se dirá en el programa si aun no lo pasan? Bueno... ya… ok  verdad que tiene él una conexión especial con el cielo...   - y aterricé, pensando eso.
       Llegó el día del programa y junto a mi madre y mi padre lo vimos. El programa se llamaba “Ovni”. Claro que me llevé una sorpresa, pues me llamó la atención que el joven que había tenido una experiencia con seres del espacio, dentro de la regresión hipnótica hablaba en legua extraña que llamaron “Korania”, pero dentro de ese korania mencionaban la palabra “Elohim” y “Vimana” y con mi padre lo comentamos, puesto que, dentro de las lecturas que intercambiamos alguna vez leímos estas palabras. Efectivamente, el programa fue muy interesante. Al día siguiente, casi corrí al colegio de mi amigo a comentar sobre esto, él ya me estaba esperando y con esa risita y brillo característico en su mirada, me preguntó:
 
¿Qué te pareció? ¿Interesante no?
 
Lo miré dudosa y luego le dije:
 
¡Mmmh! ¡Fue muy bueno! ¡Pero! ¿Cómo usted supo antes lo que iban a mostrar o a decir allí? – le dije ya con ganas de saber más sobre él y esa conexión especial que mantenía.
 
¡Eso no importa! – dijo  - ¿Quiero saber qué sentiste de aquello?
 
Bueno... ¿Qué sentí? Sentí que... ese chico no mentía, como lo quisieron hacer creer los de la producción de aquel programa... Ese chico no está loco como lo quisieron hacer quedar, poniendo en duda su experiencia o poco más, queriendo ridiculizarlo...  – respondí sin dudas.
 
¡Bien! -dijo- ¡Tienes razón, pero no te preocupes, pues más tarde se verá quienes eran los verdaderos locos!
                                                            
Me encantaría conocerlo... pero... está allá en Santiago... tan lejos de nosotros... - dije lamentándome un poco.
 
Mi amigo se volvió a sonreír, como cuando ocultas un secreto que te hace feliz.
 
¡Ya! ¡Dígame! ¿Por qué se ríe así? - me llegaba a hormiguear el estómago, por saber.
 
¿Cómo sabes si... lo llegas a conocer antes de lo que te imaginas? – preguntó feliz.
 
¿A ver? ¿A ver? ¿Dígame más de aquello? - le pedí.
 
Y escribiendo en un papel, como haciéndose el distraído dijo:
 
¡Eso pues! Que... ¿Cómo sabes si lo llegas a conocer antes de lo que crees?  
 
¡Aaahá! – dije  – Usted sabe algo más parece... ¿eh?
 
Mi amigo, por mi curiosidad y ansias se rió de gusto diciendo: 
 
¡Eres muy ansiosa aah?! ¡Jajaja! Lo único que puedo decirte es que... más adelante a tu casa va a llegar mucha gente... Y que para eso ustedes están siendo preparados... y no me pidas que te diga más porque a mi me tiran las orejas cuando hablo de más - siguió sonriendo y terminó diciendo – Acuérdate de todo lo que te he dicho, y no dejen de buscar, no dejen de mirar el cielo, además que hace muy bien para el espíritu!