VIAJE AL MAR DEL SUR, Viaje en Escencia

20.11.2013 16:29

 

VIAJE  AL  MAR  DEL  SUR

 

        Siempre, desde muy pequeña he sentido simpatía por todo lo natural relacionado al mar. Debe ser porque, desde antes de dar nuestros primeros pasos junto a mis hermanos, primero nos tiraron al agua a nadar jajaja, nuestro padre siendo amante del mar y buzo profesional nos largaba al agua intentando enseñarnos a nadar antes que aprender a caminar. Y, por supuesto sumado a esto el que pasáramos todos los veranos acampando en la costa sur de mi ciudad. Sí, amo el mar, ¡y cómo no! viviendo en un país costero de punta a cabo.
         Desde pequeños aprendimos a convivir con diferentes especies marinas, como lobos marinos, chungungos, aves de varios tipos, lagartijas, pudimos en muchas ocasiones ver a cortas distancias delfines y ballenas, eso para mi era como un premio. Disfrutaba intentando descubrir donde saltaría el próximo chorro de agua que lanzarían las ballenas en su desplazamiento bajo el agua y me emocionaba mucho cuando lograba ver que esto ocurría y así poder seguirles la pista desde la orilla de la playa o en un bote.
Era hermoso poder ver este espectáculo y saber que aún quedaban ballenas vivas. Para qué decir cuando lograbas camuflarte entre las rocas y descubrir a algún chungungo flotar de espaldas a la hora de su merienda, era realmente un placer poder disfrutar estas escenas rogando que no se terminara nunca. O, ver a los delfines acompañando a las embarcaciones de pesca en que, a veces salíamos, era como un juego para estos animalitos el nadar a gran velocidad junto a la lancha.
         Todo esto lo vivimos en nuestra infancia y parte de nuestra juventud. Bueno, más tarde en la vida, los roles que cumplimos nos alejan de estas cosas. Pero, estas aventuras se extrañan cuando creciste con ellas.
         Por motivos de trabajo, ya no salíamos mucho a acampar. Pero, para mí personalmente no solo era eso, sentía que faltaba mi padre, él motivaba todos estos paseos de campamento y nos contagiaba con su espíritu de “lobo marino”.
         En esos días en que tenía tiempo libre de descanso, dedicaba las mañanas a meditar. Ya, tiempo atrás como dije había descubierto que, por las mañanas muy temprano eran las mejores horas para realizar estos trabajos espirituales. Me levantaba a las 06:30 a preparar el desayuno a mi pequeña hija y luego de que ella se iba al colegio,  yo desayunaba en la cama. Después leía la biblia o algún otro libro de temas espirituales, o algún mensaje de los ángeles para intentar descifrar. Luego de un rato de lectura lograba un estado de relajación física y mental tan profunda que debía dejar el libro en el velador para que no se me cayera en la cara y me sobresaltara perdiendo así el estado de relajación.
         Una de esas mañanas, luego de dejar que cayera el libro sobre la cama cerré mis ojos y recordé los días bellos de la infancia en la playa sintiendo profunda nostalgia, creo que alguna lágrima corrió por mi mejilla y pronto me dormí. Mi cuerpo físico se durmió y mi espíritu fue nuevamente jalado por el brazo derecho. Esta vez tampoco me imaginaba dónde me llevarían. Solo sentí el vuelo del desplazamiento, esta vez a ciegas. Hasta que de pronto me siento flotar, ya no estoy en el aire, estoy dentro de otro medio extraño pero conocido. Estaba en un medio líquido, se sentía extraño y algo denso, pero al parecer era agua.
En un instante me comencé a sumergir involuntariamente, como presa de una fuerza que me mantenía bajo el agua, me comencé a desesperar porque mi alma tendía a querer respirar, pero internamente una parte de mi sabía que no necesitaba hacerlo pues no me ahogaría jamás en este estado etéreo. Así es que, me calmé y controlé dejándome llevar por la guía del ángel pues, aún lo podía percibir con mis sentidos espirituales, estaba ahí junto a mí. Entonces, ya en serenidad comencé a poner atención a la reacción de mi espíritu en este medio acuoso.
Era agradable poder oír el ruido de las burbujas que se hacían a mí alrededor y luego percibir miles de ellas subir hacia la superficie rozando mi cuerpo espiritual, era como sentir miles de cosquillas. Pero, de pronto me puse en alerta máxima porque comencé a oír el ruido de burbujas más grandes a mí alrededor y el agua se comenzó a agitar más aún y no era por mí, yo permanecía quieta y en total alerta, más aún porque no podía ver nada aún, hasta que oigo un ruido conocido y muy querido, oigo el chillido de delfines que jugueteaban junto a mí, yo no los podía ver a ellos pero, ¡ellos sí me podían ver a mí!
Era fantástico, me emocioné muchísimo al oír sus cantos y silbidos porque me transmitían alegría, ellos jugaban, esto era como un juego ya conocido para ellos y chapoteaban felices.
Por supuesto que los entendí de inmediato, estos maravillosos animalitos podían ver al ángel que me acompañaba en esta aventura y lo celebraban con esos silbidos, juegos y saludos. Me avergoncé y reí mucho a la vez por mi susto y por haberme puesto en guardia al no saber que eran solo mis tan amados delfines. Y, nuevamente mi fascinación y asombro puso fin a esta nueva aventura en segundos. Otra vez de regreso al cuerpo.
 
         Años más tarde, cuando me establecí en una región más al sur en mi país, viví algo muy parecido. Esta vez fue una experiencia muy fuerte y triste para mí.        
         Fue la mañana del día lunes 26 de noviembre del año 2007, lo recuerdo muy bien. Me acosté a leer. Esta vez estaba leyendo el libro de los mensajes que nos han dado los ángeles que se llama “Pergaminos de Cristal” y que es la recopilación de una parte de los mismos mensajes que subimos a la página que confeccionamos especialmente para ello.
          Concentrada en la lectura estaba, mientras frente a mí la televisión, que mantenía encendida pero en silencio pasaban y pasaban imágenes. Había comenzado uno de los matinales de los canales de mi país, así que no le  presté mayor importancia, solo me interesaba ver la hora que muestran en él. Pero, comencé a distraerme de la lectura con unas imágenes que fueron pasando en este matinal. Mostraban algo que estaba ocurriendo en el mar del sur de mí país, eran imágenes en directo. Me acerqué y con el “control de mi dedo” le di el audio. Estaban hablando sobre la matanza de ballenas y mostraban imágenes del mar revuelto y ensangrentado por el movimiento, tanto de embarcaciones de cazadores japoneses, como de representantes de Greenpeace. Eran escenas atroces y más aún porque se trataba, según relataban, que era una caza autorizada. Se había autorizado que estos japoneses cazaran 300 ballenas para FINES DE ESTUDIO según justificaron. Me sonreí por pensar en cómo podían pensar estas “bestias” que el mundo les iba a creer y tragarse ese cuento del estudio. Cuanta pena e impotencia sentí en esos precisos instantes, pero confié en la presencia de Greenpeace en el lugar y que algo harían o lograrían ellos. Lloré de impotencia y solo oré a Dios porque se hiciera algo para salvar a  estos indefensos animalitos. Me dormí llorando y salí de mi cuerpo otra vez jalada de un brazo. Sentí nuevamente el vuelo vertiginoso, llevada por el poder del espíritu hacia los mares del sur. Sentí al ángel junto a mí y esta vez me dejaron la visión completamente abierta. Nos detuvimos y nos hundimos en el mar cristalino y celeste, hasta cierta profundidad y sentía los movimientos del agua, silbidos y “cantos” de las ballenas.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
       Mí  ángulo de visibilidad era desde bajo el agua. Miré hacia arriba y pude ver el reflejo del sol de la mañana iluminando el agua, los cascos de las embarcaciones que seguían revolviendo las aguas y muy cerca de nosotros la sangre de las ballenas que teñía las aguas cristalinas. Algo muy similar a las imágenes que aquí expongo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
         Era impactante ver estas escenas, era una cacería espantosa y el revoltijo del agua que no paraba. Me sentí morir. Comencé a sentir el dolor y la impotencia que sentían esas ballenas, las cuales, ya estaban heridas y cazadas. De ellas provenía la sangre que teñía el mar. Pude SENTIR lo que sentían estos majestuosos animalitos, sentí su dolor, sentí su sufrimiento en mí espíritu y clamé desesperada: ¡ESTÁN SUFRIENDOOO!
        Sentí impotencia, quise ayudarlas y solo podía oír sus llantos. Oí también delfines alrededor y las burbujas en el agua. Comencé a hundirme un poco más y de pronto volví al cuerpo físico por lo impactante de la escena. Pero, me lo propuse y volví a salir en el poder del espíritu y esta vez me hundí a más profundidad, el celeste era más oscuro y con un matíz azulado. Sentí la presencia de miles de seres marinos que observaban silentes lo que ocurría en la superficie. Me estremecí muchísimo y desesperada pregunté al ángel que estaba frente a mi:
 
Paola:  ¿Pero… por qué Greenpeace no hace algo más fuerte?
 
       De pronto, oí la respuesta en la voz del ángel. Su mirada era de bondad. Y su tono de voz fue categórico al decir: 
 
Ángel: ¡Greenpeace también está participando en esto!   
 
Paola: ¿Qué? – repliqué con asombro, es que yo no podía creer esto.
 
        Miré desesperada al ángel suplicando su intervención y ayuda. Ahí, me di cuenta de que era el ángel quien me estaba conectando con el sentir de la ballena, me sentí morir, era doloroso sentir su resignación, estos animalitos estaban resignados a morir y eran indefensos a ello. También, pude sentir en ese mismo instante que ahí, en esas profundidades marinas reinaba expectación y silencio, había muchos delfines cerca de nosotros pero estaban quietos, como si obedecieran al ángel a algún llamado de guardar silencio. Fluía respeto allí. Hasta que no aguanté más y mirando al ángel, que estaba esta vez a unos metros de mí le rogué que hiciera algo, que ayudara a estos seres preciosos.
         Es que no podía ser esto. Cómo esta organización en la cual confié siempre y a la que alguna vez quise unirme podía estar detrás de todo esto también. Sentí una gran decepción. No podía ser, cómo podían engañar así a tanta gente. El ángel solo cumplía con decir la verdad y ellos sí que no mienten y sí que son obedientes.
        Le insistí en que hiciera algo él, que le pidiera a Dios por estos animalitos. Entonces, en ese instante ocurrió algo que sentí venir desde el cielo. El ángel, hizo que yo misma hiciera algo al respecto en petición directa a Dios. Y así lo hice, pedí a Dios con todas mis fuerzas que las ayudara. Al instante, sentí la energía inmensa, sentí un amor inmenso y mucha paz, esto se compartió entre la ballena y yo. Es que no lo podía creer, la ballena ya no sentía nada, ya no sufría y me hacía sentir su paz. Fue hermoso, una de las cosas más preciosas que atesora mi alma. Que inmenso es el amor de Dios.
 
        Han sido varias las oportunidades en que los ángeles me llevaron al mar y pude disfrutar de la compañía de estos amiguitos tan juguetones, los delfines y las ballenas. Han sido experiencias bastante reconfortantes y por supuesto de las cuales me siento muy agradecida al cielo. He comprobado con esto, la profundidad con que nos conoce el cielo y lo condescendiente que es hasta con nuestras más hermosas secretas ilusiones y deseos. Deseos muchas veces concedidos sin haberlos llegado a pedir.